martes, 30 de noviembre de 2010

Decáloco (Locuras II)

—Hermano: No utilizarás tu locura en vano. Desquiciarás las fiestas. No te apoderarás de las psicosis ajenas. No fornicarás a lo loco. No desearás la alienación de tu prójimo. No manifestarás falsas neurosis y te mantendrás cuerdo los domingos.
—Pero, te faltan tres más.
—¿Más? ¿Estás loco?

No estar en un laberinto


—... a veces siento que no estoy aquí…
El terapeuta levanta la vista del cuadernillo de notas y comprueba que, efectivamente, el sillón vacío. Entre sorprendido, asustado y divertido pregunta a la secretaria por teléfono si vio salir a alguien del consultorio. La joven, que no lo vio llegar, se asoma al despacho sólo para comprobar que, como ella creía, no hay nadie allí. Consecuente como la madre que un día será, sonríe.
—¿Otra vez con sus bromas, doctor? —Ante el ruido de voces en la sala, agrega―: Creo que ya llegó su paciente, voy a ver.
Cierra la puerta y sale.
Desde su sitio al lado del sillón, el psiquiatra vuelve a sus notas.
—…decía, ¿qué, señora?…
—..que a veces siento que no soy yo…
—Sí, siempre es complicado no ser nadie —dice al vacío que lo rodea en aquella oscuridad absoluta en la que lleva tiempo perdido.

Imagen tomada de la red.

lunes, 29 de noviembre de 2010

En lo alto


Cae la noche sobre Teotihuacán.
En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas.
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?*

*Octavio Paz, HIMNO ENTRE RUINAS, Libertad bajo palabra.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Despedida


Estaba sentado en la montaña, sus ojos se bañaban en la corriente del Amazonas. Después fue salmón remontando los rápidos. El sol parecía un coágulo y el cielo mezcló naranjas y violetas. Él volaba sobre la tierra, el mar y los arrecifes.
—Hoy amaneció con una cara de dulzura, observó el enfermero.
—Así son estos pacientes furiosos, poco antes de morir cambian —contestó el psiquiatra.


Imagen tomada de la red.

Retorno (Locuras I)


Con los ojos llenos de inquietud se acerca a la reja del campo psiquiátrico. A través de sus barrotes: la imagen de rostros inexpresivos o de una tristeza profunda, alguna cabeza al rape, el ruido de pasos agitados o alguien vociferando al vacío; le transforman la inquietud en puritita angustia.
Su psiquiatra le había anunciado que pronto volvería con ellos y una brizna de paz que atesoraba se esfumó detonando un ansia de rebeldía.

Hablaría con él, le rogaría; le demostraría lo equivocado de su diagnóstico. Haría cualquier cosa para no volver a la maldita calle.


Imagen tomada de la red.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Serie Evadne (1)


Lejos de ti.
Miro a distancia la piedra,
traerla y construir un nuevo puente… tardaría.
Necesito dos corazones para levantar los muros
y darle silueta de pájaro.
Sé que tardaría…
pero volvería por ti.

Imagen de Luis F. López: Ausencia.

El timo (segunda lección de anatomía)


yo timo
tú timas
él tima
todos
timamos
...
el timo
-que no es
la excepción-
también tima

Imagen tomada de la red.

martes, 23 de noviembre de 2010

sábado, 20 de noviembre de 2010

Genital


La soledad absoluta le fue intolerable; para remediarla usó todo su poder y sabiduría: el primer día creó el cielo y la tierra...

jueves, 18 de noviembre de 2010

Imagen a través de una copa

Dos visiones de un Ser Supremo, separadas por una coma


I
Cuando arrojé la piedra contra el agua y la imagen reflejada sobre el lago se deshizo por unos segundos, comprendí el significado de ser Dios.

II
Cuando arrojé la piedra contra el agua y la imagen reflejada sobre el lago se deshizo, por unos segundos comprendí el significado de ser Dios.

Imagen de Miguel Ángel Buonarroti, La creación.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Un burrito que no quería estudiar

No hace mucho que existió un burrito pardo de enormes orejas y el mal hábito de jugar en exceso. Cuando el animal estuvo en edad escolar, su emocionado padre lo conminó:
—Oye bien borrico: es tiempo de que asistas a la escuela, ya que un animal que no sabe leer ni escribir es bestia sin provecho.
El pollino rebuznó contrariado, pues veía en el comienzo de las clases el final de sus largas correrías por los campos, donde comandaba una manada de inquietos y flojos borricos como él. Trató de convencer a su progenitor de lo inadecuado del estudio para un asno, asegurando que ni el mejor maestro normalista sería capaz de recortar con enseñanzas un sólo milímetro a sus enormes orejas, símbolo indiscutible de la pesadez de cerebro que caracteriza a su raza.
—¡Jijo, jijoooooooo! estalló el padre furioso, consciente de que no existe réplica que valga cuando se trata algo tan serio como el porvenir de un hijo. Las orejas no las despuntará maestro alguno, desdichado animal, pero no es lo mismo ser burro de recua que va por la vida con el lomo pelado, que burro respetable de un bufete jurídico.
Y a punta de coces condujo al chiquillo hasta el colegio.
Con el devenir de los años, aquel joven borrico que no quería estudiar llegó a ser magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Imagen de Francisco de Goya: Asta su abuelo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Triste fin


—¡Que triste fin el mío! —Exclamaba apesadumbrado un lápiz. Tan pequeño era, que apenas podía sujetársele entre los dedos. —Terminar mis últimos restos de grafito a manos de este pobre iluso que quiere escribir un cuen…

lunes, 15 de noviembre de 2010

Carrera de obstáculos

—Esa palabra no es —interrumpe una voz.
—Has puesto demasiadas comas en el párrafo —dice otra.
—Queda mejor si no usas adverbios en esa frase —aconseja una más.
Haciendo caso omiso continúa, sabedor de que si se detiene a oírlas, jamás escribirá nada.

gremlin

Una operación cesárea de emergencia


El obstetra pegó la oreja al estetoscopio de Pinar. Luego de unos segundos en que la angustia escurría por su frente en forma de tortuosos arroyuelos de sudor, el latido fetal brotó por fin de las profundidades maternas. Aunque débil y frágil, era el signo de vida que él tanto necesitaba. “¡Está vivo!”, gimió, trató de contabilizar el número de latidos por minuto del corazón atrincherado al interior de la enorme barriga. Varias veces comenzó la cuenta y otras tantas debió suspenderla,  atolondrado por el desafío de tener que conjuntar minutos y foco fetal, contracciones uterinas y quejidos de dolor. Con el tufo sombrío de la muerte golpeando su nariz, no necesitaba ser genio matemático para comprender que el nonato sufría y que, para salvarlo, debía interrumpir el embarazo.
            —¡Pasa cesárea! ―anunció el obstetra con voz de barítono microbusero.
De entre las camas de recuperación apareció un joven camillero de rostro bovino y andar desgarbado.
—Cama quince ―ordenó la enfermera a cargo del área.
El joven bovino condujo la camilla hasta la sala de quirófano y, con la habilidad del cargador experimentado, depositó a la parturienta sobre la mesa de operaciones.
—¡Ya estese quieta, señora! ―gruñó el anestesiólogo cuando una contracción estuvo a punto de hacer caer a la mujer de la mesa. Un poco más calmado, agregó―: Mire, madrecita, vamos a empezar de nuevo, preste mucha atención a lo que digo: dóblese toda, pegue la barbilla a la panza y flexione las rodillas, ¿sí?, pero por ningún motivo se vaya a mover. ¿De acuerdo?
Con la ayuda de la enfermera dobla a la paciente por la cintura, baña en merthiolate su espalda baja, tienta entre las vértebras lumbares y marca con la uña el sitio preciso a puncionar. Pinches viejas, maldice, añora el sueño tibio de casa; no concibe que alguien que ha pasado la mitad de su vida embarazada sea incapaz de seguir instrucciones tan simples. Debe ser que el embarazo las apendeja, si no ¿cómo explicarlo?
—No se mueva, madrecita. Sólo otro piquetito y acabamos.
Tras casi veinte horas de trabajo de parto, la mujer está cansada y fastidiada. A estas alturas no sabe qué le duele más: si la espalda agujerada, el abdomen contraído o la vagina distendida por la enorme cabeza del chamaco, que insiste en salirse por abajo. Quisiera mandar todo al carajo… pedir que ya termine este tormento.
—Tranquila, madre, no te desesperes ―el obstetra palpa la barriga, zangolotea el témpano de carne ahora flácida, se preocupa: sabe que con la anestesia han desaparecido las contracciones, pero con ellas se fue el latido fetal. El silencio de aquel vientre inerme espanta―. ¡Bisturí! ―grita, exige, observa hipnotizado la panza amarillenta, cual joroba calva de dromedario; siente pulsar los testículos, hechos nudo en la garganta.
Al paso del acero inoxidable, la carne se abre complaciente. A través de la enorme herida asoma el útero gestante, cubierto por una madeja de varicosas serpientes venosas que, cual medusa funesta, parece presagiar la desgracia. El obstetra hace una pausa en busca de una calma que no siente, pero luego vuelve y las decapita de un tajo horizontal. A punto del colapso, tantea el pantano sanguinolento y se aferra a un par de pies babosos que arrastra sin conmiseración fuera de la prisión materna; asoman los muslos, las nalgas, y un churrito de mierda verde oscura que se desparrama sobre el campo quirúrgico.
—Sólo un poco más…  ―se anima, hala con fuerza la cadera engarrotada.
Pero el niño (“¡Es un niñito, señora: ya le vi los güevitos!”, dice el anestesiólogo, madrugando a todos con la noticia) se niega a continuar naciendo. No valen jalones, gritos, maldiciones, súplicas, promesas… el chiquillo se resiste a dejar el hogar que por cuarenta y dos semanas lo ha albergado. Por toda la sala se respira el aroma denso de la desgracia. Agotados los recursos, el obstetra sólo acierta a suplicar a un ser supremo que ilumine su cerebro nublado: “Dame un poco de luz, Señor… y te juro por mi santa madre que dejaré de ser el hijo de puta que he sido hasta ahora”. La lámpara se cimbra sobre su cabeza y él devuelve la mano exploradora a las entrañas cenagosas. Indaga, palpa la oscuridad rojiza y de pronto encuentra el porqué de la distocia: dos enormes prominencias escapulares impiden la salida del chamaco. ¿Será otro par de brazos? ¿Otro cuerpo? ¿Acaso asiste el nacimiento de un monstruo?
—¡Carajo! No tengo idea qué puedan ser, pero tampoco tienen por qué estar aquí. Mejor las corto y que sea lo que Dios quiera ―de
una cuchillada secciona los apéndices rebeldes.
Por fin libre del anclaje ―náufrago al que la gentileza de la vida ofrece otra oportunidad―, el chiquillo emerge del abismo. Ajeno a la algarabía que suscita su nacimiento, suelta el llanto.

Imagen tomada de la red.

Luz



Para ti, Luz Elena.


Hoy, como en otros momentos de tu ausencia, visité el lugar de los sueños. Apenas podía escuchar a quienes permanecían en esta realidad mientras mi cuerpo se desprendía. Todo era perfecto, ni siquiera un rayo de luz advertía defecto alguno. Él, con tal majestuosidad, me entregó la llave principal, ligera para su tamaño. En dos ocasiones intenté entrar pero la cerradura estaba atascada. Él tomó la llave con indiferencia, dio media vuelta y emprendió la retirada.
No tuve miedo. A lo lejos distinguí la voz imperativa de una mujer diminuta; imágenes difusas en los escasos recuerdos. Un par de placas heladas en mi pecho y mi propio alarido la apaciguaron.
No puedo determinar cuánto tiempo pasó. Mis manos se aferraban a cada instante. Todavía siento dolor en el pecho, no consigo abrir los ojos pero puedo escucharlos. Algunos se preguntan que falló y otros, simplemente, se retiran del lugar, indiferentes.
De los últimos instantes perdura en mí la imagen de aquella mujer desconocida y un tanto inquietante.
Ésta vez temo que la llave es la correcta.


Imagen de Roberto Rodríguez: Túnel de luz.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Evocación de Platero


Volviste, Platero, en la hora del ensueño. Cuando a la mente no llega la vigilia plena y ya se tienen las sensaciones primarias. No sonaron tus pezuñas contra el piso lustroso. Flotabas. ¿De qué otra forma lo hacen los fantasmas? Tus blancuras de antaño ahora tenían esa palidez de ultratumba. ¡De que otra bruma habrás llegado!
¡No! No podemos salir a jugar. Esos campos ya no existen; se los comió la ciudad y su luz opaca las estrellitas. No saldré porque también has cambiado, Platero. Eras más grande, blanco y juguetón, y ahora mírate, esmirriado y enano. ¡Y ya deja de halar esos tubos, zoquete!
La alarma que indicaba el paro cardiaco no causó asombro, empezó la corredera de gente.
—¡Órale que se nos va el viejo!
—¡Desfibrilador! ¡Epinefrina!...
Golpes secos en el pecho como queriendo desempolvar de tiempo el pulmón y de grasas ese corazón cansado.
Una mujeruca, con cofia y mascando chicle, a toda velocidad les proporciona lo que solicitan. Pasan los minutos hasta que cansados y aburridos se miran y uno de ellos dice —hora— otro responde —seis quince.
Se alejan contrariados y con un resabio de frustración en el ánimo.
—Era por demás, el pobre viejo no quería vivir.
Mas… ¿Qué era esa pelusa blanca que inundó la sala de terapia intensiva?

viernes, 12 de noviembre de 2010

jueves, 11 de noviembre de 2010

Infierno

"No es posible", piensa. "Yo resolví todos los ejercicios del mejor libro de texto de cálculo diferencial e integral, no puede ser que no pueda...".
Divertido, el Diablo observa al genial cirujano. Los perfeccionistas siempre son plato fácil.

gremlin

Todos invitados a la 52° Muestra Internacional de Cine en la Escuela Superior de Medicina

INSTITUTO POLITÉCNICO NACIONAL
ESCUELA SUPERIOR DE MEDICINA
52º MUESTRA INTERNACIONAL DE CINE
Noviembre/Diciembre 2010


Jueves 18 LOS OLVIDADOS
(Luis Buñuel, México, 1950)


Viernes 19 EL EXTRAÑO CASO DE ANGÉLICA
(Manoel de Oliveira, Portugal-España-Francia-Brasil, 2010)


Sábado 20 VERANO DE GOLIAT
(Nicolás Pereda, México-Canadá-Países Bajos, 2010)


Domingo 21 HAHAHA
(Hong Sang-soo, Corea del Sur, 2010)


Lunes 22 UN HOMBRE QUE LLORA
(Mahamat-Saleh Hauron, Francia-Bélgica-Chad, 2010)


Martes 23 COPIA FIEL
(Abbas Kiarostami, Francia-Italia-Irán, 2010)


Miércoles 24 ANTICRISTO
(Lars von Trier, Dinamarca-Alemania-Francia-Suecia-Italia-Polonia, 2009)


Jueves 25 EN UN RINCÓN DEL CORAZÓN
(Sofia Coppola, Estados Unidos, 2010)


Viernes 26 LA LEYENDA DEL TÍO BOONMEE Dur: 113 min.
(Apichatpong Weerasethakul, Tailandia-Gran Bretaña-Francia-Alemania-España, 2010)


Sábado 27 SUBMARINO
(Thomas Vinterberg, Dinamarca-Suecia, 2010)


Domingo 28 LA PIVELLINA
(Tizza Covi y Rainel Frimmel,Italia-Austria, 2009)


Lunes 29 LA MIRADA INVISIBLE
(Diego Lerman, Argentina, 2010)


Martes 30 DEL PERDÓN AL OLVIDO
(Todd Solondz, Estados Unidos, 2010)




Miércoles 1 MATERIA BLANCA
(Claire Denis, Francia-Camerún, 2009)


Jueves 2 LOS GATOS PERSAS
(Bahman Ghobadi, Irán, 2009)


Viernes 3 DE DIOSES Y DE HOMBRES
(Xavier Beauvois, Francia, 2010)


Sábado 4 LOS NIÑOS ESTÁN BIEN
(Lisa Cholodenko, Estados Unidos, 2010)


Domingo 5 UN FILME SOCIALISTA
(Jean-Luc Godard, Francia-Suiza, 2010)


Lunes 6 CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS
(Woody Allen, Estados Unidos-España, 2010)


Martes 7 TETRO
(Francis Ford Coppola, Estados Unidos-Italia-España-Argentina, 2009)


Miércoles 8 DULCE HIJO*
(Kornél Mundruczó, Hungría-Alemania-Austria, 2010)


Jueves 9 EL AMOR DE MI VIDA*
(Jane Campion, Gran Bretaña-Australia-Francia, 2009)


Lunes a Viernes 13:00 y 19:00 horas. Excepto* 14:00 y 19:00 horas.
Sábados y Domingos 17:00 y 19:00 horas.


Auditorio de la
ESCUELA SUPERIOR DE MEDICINA
Av. Plan de San Luis esquina Díaz Mirón
Del. Miguel Hidalgo, México, D.F.
Inf. 57 29 6000 ext. 62777


Entrada: 25 pesos
Estudiantes, maestros e INAPAM 15.50 pesos

martes, 9 de noviembre de 2010

Todos somos Gulliver. La minificción, parte o todo.


Ahí está la obra de arte, producto no de generación espontánea sino de un ente creativo. Las circunstancias que la originaron son propias de cada artista y nada tienen que ver con un público que accede o no a ella. Sin embargo, vasto o precario, el sustento cultural e intelectual del receptor jugará un papel preponderante en su comprensión o interpretación, asimilación o rechazo.
Para quienes carecemos de formación musical resulta irrelevante si Beethoven fue el último clásico o el primer romántico, o si la primera sinfonía de Brahms es la décima del Gran Sordo de Bonn. Si, por el contrario, somos de aquellos que a los primeros acordes caen rendidos por el sueño… ¿nuestros bostezos demeritan su genio creativo? Tal vez sí en nuestra realidad, pero no en la del artista y su obra (y mucho menos en la de sus fervientes seguidores).

Insomnio de Ludwing van Beethoven*

Despierto soy un genio, dormido sólo un sordo.

El tedio que quizás nos provoque al escuchar a un par de eruditos de Vincent van Gogh discernir sobre por qué sus obras han sido valuadas en millones de dólares, nada tiene que ver con el rostro adusto de ese hombre pelirrojo y desorejado capaz de exaltar nuestras emociones, convocar en sus espectadores sensaciones que, aunque técnicamente inexplicables, nos conmueven. Nada sabemos de óleos, técnicas mixtas, trazos, perspectiva, combinación de colores o proyección de luz… y menos nos preocupa si la obra fue el resultado de los brochazos disparatados de un tipo con problemas visuales o psiquiátricos, o de un genio al que no alcanzamos a vislumbrar.

Insomnio de Vincent van Gogh*

―Gauguin, puta, mal amigo: aún me sobra completa la otra oreja.

Desde luego, seguro habrá quien prefiera a Rafael, Botticelli, El Greco… “porque se ven más bonitos”, y estará en todo su derecho de satisfacerse en ellos.
Podría tratar de recurrir a mi formación como médico para hallar explicación a mi insomnio y medicarme, y si no resulta ya habrá oportunidad de sacar cita con el psicólogo o el psiquiatra (Insomnio de Sigmund Freud: Sólo duermo intranquilo en el lecho de mi madre.*). Sin embargo, como cualquier mortal hijo de vecino –culto o inculto, salvaje o domesticado- todos en algún momento hemos sabido lo que es batallar con el sueño, dar vueltas en la cama y no tener ni la maldita de lo que pasa. Aquellos que nos gusta escribir, nos levantamos, tomamos papel y lápiz e intentamos redactar nerdades:

Insomnio del escritor*

Si me duermo, nunca escribo… y entonces ya no existo.

(O como dijera mi querida amiga Ángelica Moreno, médico anestesiólogo, mujer de vastos conocimientos: “El insomnio se disfruta con luna llena, vodka y un buen libro”*).

Por eso, a la luz del insomnio, y jugueteando con el insomnio de algunos personajes que también debieron padecerlo, termino por decir que “No hay nada nuevo bajo el cielo”, que “La materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”, según Antoine Lavoisier; que la obra artística –la minificción no tiene por qué ser la excepción- forma parte de un todo u obra mayor, como los humanos lo somos del gran reino animal. Pero ojo, así será porque las condiciones del lector (culturales, sociales, intelectuales, económicas y las que se le quieran agregar) se lo permiten; entre aquél más sepa, mayor será el universo en el que juegue su imaginación. Cuando por falta de conocimientos o preparación, o simplemente por falta de interés, la obra no pueda crecer, será apenas un satélite –pero un todo en pequeño-, un elemento que sirva para conformar su microcosmos. Bien dicen que “Nada teme el que nada sabe”. Por eso, dependiendo de las circunstancias en que nos encontremos como lectores de minificciones, todos somos Gulliver.

Pero no olvidemos que, a toda esta diatriba, el autor sólo se ríe… y sigue creando.

Insomnio de Milan Kundera*

La vida –que está en otra parte- sólo es una broma en la insoportable levedad del ser.

(*) Tomados de José Manuel Ortiz Soto, A veces hay otros caminos, Insomnios.

El presente texto participó en La Bitácora de la Marina de Ficticia en el mes de mayo, donde fue seleccionado por la escritora venezolana Violeta Roja. Fue publicado en la revista Ficción Mínima del mes de junio 2010.

Imagen tomada de la red.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Naturaleza muerta

Contrición



Su paso cansino por la vereda de la montaña tibetana oculta su ancestral arrojo y un denso abrigo, propicio a esas alturas; un magnífico toro.
La testa inclinada como muda protesta. No es coincidental su retiro a tierras de meditación.
Naturales de Tierra-Fértil y tránsfugas de sus fiestas de sangre, las hembras yak amamantan a sus críos con una leche rosada para que nunca lo olviden.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Divergencia

Es la protagonista de la más intensa relación que haya vivido nunca; desde que la conoció, influye como nadie sus decisiones, sueños, deseos y frustraciones.
Por el otro lado, ella ni siquiera lo recuerda.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Interrogante



Partiendo del supuesto de que las sirenas no existen, ¿cómo explicar el olor marino en mis manos, las escamas azul-rojizas en mi cama…? Y de lo sucedido ―como caballero que soy― ya no me acuerdo.

Imagen tomada de la red: Sombra de sirena.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Año bisiesto


Año Bisiesto
México 2010.
Director: Michael Rowe.
Una invitación a la reflexión.
Año Bisiesto, película mexicana dirigida por el méxico-australiano Michael Rowe; ganadora del premio Cámara de Oro del Festival de Cannes, nos muestra a Laura, mujer solitaria de origen oaxaqueño, quien vive en la enorme Ciudad de México, y quien, para hacer frente a su soledad, se relaciona sexualmente con varios hombres hasta encontrar a Arturo, hombre de mediana edad, con el que inicia una relación sadomasoquista, que la llevara a explorar situaciones que probablemente nunca hubiera imaginado experimentar.
Eso es a grandes rasgos la historia de esta película, sin embargo las reflexiones que surgen al ver este filme son múltiples, situación que por si sola es en extremo valiosa. Dentro de estas reflexiones las que me parecen mas atractivas son el uso de personajes con fenotipo 100 % mexicano; es curioso, por decirlo de algún modo, que a pesar de nuestras características raciales, es poco frecuente observar en televisión, cine o cualquier otro tipo de expresión visual, personajes fenotípicamente “mexicanos”. Al ser Laura una típica mujer oaxaqueña, la historia se convierte en un espejo para el público, lo que para algunos será incomodo al no encontrar los personajes anglosajon característicos a los que están acostumbrados. Creo que esto es sumamente rescatable debido a que nos acerca más a nuestra identidad y nos hace conscientes de nuestra imagen y de nuestro ser.
La historia es hermosa por si sola, es la búsqueda del amor en sus múltiples expresiones. Dejando de lado la violencia que se puede encontrar en la relaciones sadomasoquistas, Rowe nos invita a la tolerancia y a la reflexión sobre las múltiples maneras en que el amor se puede expresar, a las diversas formas en que los hombres buscan insaciablemente el amor y la compañía, el fin intermitente de la soledad que nos abruma en esta época.
He escuchado algunas críticas sobre esta película señalándola de aburrida, tediosa, exagerada, sin sentido, pero creo que son expresiones de miedo ante la forma en que Rowe nos desnuda ante la soledad, ante la búsqueda de compañía y la necesidad de amor.
En fin, Año bisiesto es una bella película digna de verse, fuera de los estándares del cine comercial y que nos invita a la reflexión y a la introspección, cualidades que son cada vez más escasas en estos tiempos. Así que a disfrutar de esta película y que cada quien forme sus juicios y percepciones.


Foto: Reuters: Rowe.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

martes, 2 de noviembre de 2010

Una sombra*



Ayer me podaron la sombra que ahora adorna a mi vecino. Fue mi acompañante en las noches, y en las mañanas me cubría del rocío. Siempre me ocultó de los brazos fuertes de los leñadores, aunque en una ocasión la olfatearon; por poco la borran.
Sus movimientos eran rítmicos, como el mismo viento que la agitaba. Ahora la veo como un endeble hilo de encaje. A las sombras hay que guardarlas, protegerlas de ese fuego que no es un verde aterciopelo, porque se agigantan como algodones dulces. Son las sonrisas olvidadas de la noche, nocturnas amapolas danzantes. Su música es arena fina de un desierto tan breve como infinito. Sus contornos sin forma invitan a imaginarlas duendes. Las veo multiplicadas como células en un ritmo que es de roble, o de cerezo. Ramas dislocadas por otro tronco las generan.
Mi sombra, ¡qué extraño no contar con ella!, o debo decir “ellas”. Un golpe seco me la robó. La muy canalla se ríe porque ahora es múltiple; son muchas las siluetas que nacen de su manto protector.



*Los adolescentes escriben II, Universidad Nacional Autónoma de México, 2003.
Imagen LaLaDra: Sombras.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Tortura

El sonriente portero que les recibe no deja traslucir nada de lo que les espera. Dentro y tras bambalinas, el animado verdugo prepara la lectura de un catecismo.

gremlin