jueves, 25 de agosto de 2011

El Internado: (VI) Y Dios dijo: Multiplíquese la vaca (por 366 dìas)


Apretó con firmeza las mandíbulas y sus dientes se cerraron furiosos sobre el trozo de carne recién servido. La mano derecha hizo palanca ayudada por la izquierda. Dispuesto el engranaje, el cerebro ¾¡su cerebro!¾ dio la orden: ¡Preparen! ¡Listos...! y los dientes rechinaron. Los músculos mandibulares aparecieron como pequeñas hinchazones deformes sobre su cara. Las manos se extendieron y perdieron en la distancia, como estiradas por la furia omnipotente de un gigante... Sin embargo, la conjunción de física y matemáticas resultó inútil: el pedazo de carne guisado en chile pasilla resistió firme los embates. Correoso, indeformable, orgulloso, como correspondía a todo preciado descendiente de la añosa vaca que día tras día, noche tras noche, año tras año, con paródica puntualidad inglesa, era sacrificada para dar de comer, cenar, desayunar a los cientos de médicos que trabajaban en aquel hospital público.

13 enero 1988, H. G. Z. no. 27, Tlatelolco. Periódico de Internos.

Imagen tomada de la red.

sábado, 13 de agosto de 2011

jueves, 11 de agosto de 2011

El Internado: (V) Primera carta de internado


MI MUY ESTIMADO y querido señor, hijo, hermano, tío, primo, padre, nieto, abuelo... de quien corresponda:
1) En los últimos tres días he tenido una oportunidad que pocas veces se presenta en la vida:
a.¾ sentarme y escribir,
b.¾ sentarme y volver a escribir,
c.¾ sentarme nuevamente y volver a escribir,
d.¾ sentarme y ...
2) Para un joven aprendiz de escritor este honor es más dulce que el éxtasis (¿estasis?), desde luego, si no se tratara de escribir siempre lo mismo, con la única diferencia de que a cada nueva copia la caligrafía y la sintaxis se van deteriorando deplorablemente.
3) No miento si afirmo que mi encuentro con el espíritu intrahospitalario ha despertado en mí un profundo sentimiento médico¾literario: he encontrado aquí el ambiente propicio, los desquiciantes alaridos de las parturientas, el agudo y  punzante chillido de los neonatos, una excelente cantidad de guardias de meditación, el blanco puro de los uniformes y un régimen de disciplina estricta de
a¾ señor voy aquí,
b¾ señor estoy aquí,
c.¾ ñor...
4) Este ingrato ambiente me ha proporcionado la oportunidad de ser más productivo, elevándome por el amplio cielo de la meditación y alejándome de tentaciones mundanas:
5) Salir a la calle y perderme en la ruta de lo cotidiano, jalarme los pelos en la oportunidad menos pensada y echar fuera al hombre verde que la hipocresía (cara amigable, torpe, sonriente) lleva dentro y amenaza con apuñalar al prójimo en el momento menos pensado; echar tierra en las paletas de fresa de los niños pobres; observar con morbosa obscenidad a las parejas de novios que se ocultan en lo oscuridad...
6) Pero... ¡No! ¡No! ¡No!
7) La meditación intrahospitalaria limpia, purifica, baña, esteriliza, etc., al hombre, a la mujer, al homosexual... libra a cualquiera de sus malos pensamientos.
8) ¿Entonces para qué salir a la locura, al ronroneo paranoico de los autos, a la música disco, al rock, a las drogas, a la prostitución y el asesinato?
9) ¿Para qué gritar, gruñir, mentar la madre, vestirse mal, pintarse un ojo de morado, ponerse un arete en el glande, pasar hambre?
10) El monótono golpeo de los dedos sobre las teclas de la máquina de escribir es mejor terapia que cualquiera propuesta por Neuróticos Anónimos;
11) El continuo caminar a medianoche por los pasillos longilíneos, silenciosos, amarillos, casi esqueléticos, es mejor terapia que observar enajenadamente cómo se diluye tu ojo al través de una botella de vino tinto y un poema de de Charles Baudelaire;
12) ..................
13) ..............................
14) y una biblioteca con sus libros cubiertos por mohos infinitos...........
15) ................y el doctor...............y la doctora.................
16) En consecuencia, por todo lo dicho y meditado y vuelto a meditar hasta el hartazgo:
17) Mi muy estimado y querido señor Hijo de Puta: doy mi consentimiento para ser internado en este hospital psiquiátrico.

Atte.
José Manuel Ortiz Soto
Médico interno de Pregrado

méxico, d.f., enero l988. Periódico de Internos.

lunes, 8 de agosto de 2011

Amada medusa


Se mueve con la gracia de un felino, sus ojos son el día y la noche, su mirada es un reto. Todo el tiempo la contemplo y si ella me tocara, sentiría el galope de mi corazón de granito.

Aquella tarde, a hurtadillas llegué a su palacio. Detrás de los guerreros dormidos le declaré mi amor. Entendió que me burlaba de ella y que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era darle muerte. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Ayer vino Perseo, pensé que sería transformado, como a todos, en piedra. ¡Nunca imaginé que él le daría muerte! Estoy entre cuerpos de roca y el otoño llega lúgubre y gélido. Me azota el viento frío del sur, pero ni eso puede congelar la tibieza de su recuerdo.