lunes, 31 de enero de 2011

Vagando por el páramo

Camina entre las nieblas de Dartmoor. Apura el paso. Aunque sigue las indicaciones de un famoso detective, no deja de tener miedo. ¿Y si es real el famoso perro? La oscuridad lo rodea. De repente, un grito rompe la niebla: —¡Tu padre es un cabrón hijoeputa como ustedes! ¡Vengan acá, bola de inútiles! ¿Quién se tragó lo que dejé aquí? ¡Y ni siquiera han limpiado, puta madre! ¿Qué esperan, hijos de la chingada? ¡Los estoy llamando, pendejos!  —y la retahíla sigue. Suspira, sale de su escondite y se dirige a enfrentar con sus hermanos la tormenta que se avecina, no sin antes marcar la página de “El sabueso de los Baskerville”.

Dr. Arthur Conan Doyle



Sherlock Holmes como profesor de medicina
Recién egresado de la Facultad de Medicina de Edimburgo, Arthur Conan Doyle se encontró a sí mismo como un novel médico con poca clientela y mucho tiempo libre. Fue en estos largos períodos de obligada inactividad y forzada permanencia en su consultorio que empezó a escribir; quizás lo hizo como una forma de combatir el tedio o como un intento de incrementar su menguado ingreso personal; el resultado final fue la creación de uno de los más conocidos y célebres personajes literarios: el detective “amateur” Sherlock Holmes.
      Personaje de rasgos bien definidos y fuerte caracterización, Holmes es uno de los pocos hijos de la pluma que posee el don de ser tratado como si realmente fuera un hombre de carne y hueso.
      Alto y desgarbado, de nariz ganchuda y vivos ojos grises, frío y metódico, sagaz observador de activa imaginación, con amplios e inconexos conocimientos sobre química, anatomía, botánica, literatura sensacionalista, música y leyes, que por una parte, ni pretenden ser eruditos y por otra, superan ampliamente al promedio.
      Holmes es también ciclotímico: capaz de sumirse en la mayor abulia y de salir de ella en un santiamén con una verdadera explosión de actividad física y mental, vive en constante lucha contra el aburrimiento y utiliza cocaína endovenosa como estimulante mental. No le teme al esfuerzo físico, con frecuencia llega a la extenuación durante la investigación de un caso y no pocas veces debe utilizar la fuerza física para defenderse o para atrapar un criminal. Sin embargo, su más llamativa cualidad es su asombrosa capacidad deductiva, mezcla de trabajo mental e imaginación.
      Con todas estas características que lo convierten en el detective por antonomasia, es cosa por demás notable que no haya sido inspirado en algún personaje policíaco más o menos célebre de la época sino, por el contrario y casi naturalmente, dada la profesión de su creador, en un médico.
      Conan Doyle conoció al Dr. Joseph Bell en la escuela de Medicina donde este último era profesor y a la sazón gozaba de gran reputación por su ojo clínico. Observador cuidadoso y detallista, estaba dotado de algún grado de teatralidad que ayudaba no poco a su reputación; es bien conocida la anécdota aquella en que ponía en evidencia a un paciente alcohólico –que negaba rotundamente su dipsomanía– al acusarlo en voz alta de beber demasiado mientras tocaba con el dorso de la mano la pequeña cantimplora que éste escondía en el bolsillo interno de su saco. La entereza con que el Dr. Bell insistía en sus alumnos para que estos desarrollaran un profundo sentido de observación debió calar hondamente en el joven Arthur que fue algún tiempo su ayudante.
      Pasar de Joseph Bell a Sherlock Holmes quizás no fue demasiado difícil y el propósito de convertir a un “detective médico” en un detective consultante resultó en cambiar el acto médico en un acto policíaco, como el mismo autor lo anotó en El problema del puente de Thor: “Usted es como un médico que quiere enterarse de todos los síntomas antes de diagnosticar”.
      De este modo podemos ver que, siendo Holmes un detective que surgió de la Medicina, bien puede convertirse en un buen profesor de la misma.
      La práctica diaria y habitual de la Medicina radica en la semiología, que es aquella rama del saber médico que estudia los síntomas y signos de la enfermedad y la forma en que éstos pueden ser recabados, reunidos y relacionados a través de la historia clínica y el examen físico del paciente. Siendo el interrogatorio de víctimas y sospechosos y la recabación de hechos e indicios la base de la investigación criminal, lo que nuestro detective nos “enseñe” en esto último fácilmente lo podemos trasladar a lo primero. Sin embargo, la más profunda e importante enseñanza que nos deja Sherlock es la de la forma en que debemos pensar, porque de nada sirve recabar la información de la enfermedad del paciente si no logramos utilizarla correctamente.
      Y es que en Medicina, como en toda profesión y aunque en ella se haga más hincapié, la práctica profesional radica sobre un trípode de conocimiento adquirido, observación –entendido como el examen físico del paciente– y raciocinio. De cada una de estas bases, Sherlock Holmes nos da excelentes ejemplos como veremos a continuación, no sin antes mencionar que él mismo las cita directamente cuando comenta al doctor Watson sobre cierto detective francés a quien ayudó en un caso: “Cuenta con dos de las tres cualidades necesarias al espíritu investigativo: la facultad de observar y la facultad de deducir. Falla en cuanto a conocimientos, pero eso quizá le venga con el tiempo” (El signo de los cuatro).
      Hemos visto que los conocimientos de Holmes eran extensos y variados, pero enfocados de acuerdo a las necesidades de su trabajo, no pretenden ser absolutos o eruditos aunque ciertamente son bastante profundos; iguales deben ser los conocimientos del médico: ampliamente generales en muchos campos y finamente especializados en muy pocos, o en sus palabras: “nada más fácil que adquirir ciertos conocimientos y profundizar en las materias que comprende la profesión de cada uno” (K.K.K.). Sin embargo, es importante notar que, como no se puede guardar todo en la memoria, no debe dudarse en recurrir a adecuadas fuentes de información, como dice en la ya citada aventura titulada K.K.K.: “No todo puede conservarse en el cerebro; para eso están las bibliotecas”. Y es que en los más de cien años que han transcurrido entre el inicio de las aventuras del detective londinense y nuestro fatigado fin de siglo, hemos adquirido más fuentes de información que los simples índices y volúmenes de una biblioteca, sin olvidar que dicha información también ha aumentado exponencialmente. Hoy, más que entonces, dependemos de las bibliotecas y de cualquier otra forma de almacenamiento y consulta de datos que tengamos disponible. Y si el conocimiento de la materia de la profesión es importante, no por ello otro tipo de conocimiento lo es menos; así lo demuestra Sherlock que, entre matraces y retortas, lupas y pipas, crímenes y criminales, siempre tiene a la música, en la que está bien versado, como su descanso y catártico espiritual.
      La observación en el trabajo de campo policiaco del detective encuentra su símil en la exploración física del paciente por parte del médico; ambos comparten muchas cosas en común (incluyendo el hecho de que se va a la exploración luego de un buen interrogatorio). Deben ser extensos pero dirigidos, (hay saber que se busca, que se lo quiere encontrar o que no se quiere encontrar); deben ser decididos y nunca indolentes y siempre se debe estar dispuesto a tomar en cuenta todo aquello que se encuentre, porque siempre es posible hallar cosas inesperadas cuando se examina el lugar de un crimen…o a un paciente.
      El siguiente fragmento tomado de Estudio en escarlata ilustra a la perfección la acuciosidad y extensión que una adecuada observación merece: “…sacó de su bolsillo un metro y una lupa y se puso a examinar todos los rincones de la habitación silenciosamente, parándose aquí, arrodillándose allá, y algunas veces hasta tendiéndose cuan largo era en el suelo… Estas investigaciones duraron veinte minutos. Tan pronto Holmes medía con minuciosidad extremada la distancia entre dos señales casi invisibles, como aplicaba el metro contra la pared para medirla por extenso. Una de las veces cogió un puñado de polvo gris del suelo y lo metió en un sobre. Por último, examinó detenidamente con la lupa los contornos de las letras escritas con sangre. Y acabado este examen, dio por terminada su investigación y se guardó el metro y la lupa en el bolsillo… Después, dirigiéndose a los dos policías, añadió: Permítanme que les dé algún detalle que quizás pueda serles útil. Estamos en presencia de un asesinato, y lo ha cometido un hombre; este hombre tiene una estatura de un metro ochenta centímetros por lo menos, y está en la plenitud de la vida; sus pies son pequeños con relación a la estatura; llevaba calzado vulgar de punta cuadrada y fumaba pitillos de Trichinópolis”.
      La virtud más conspicua de Sherlock Holmes es su facultad de deducción, que es a su vez el más claro ejemplo de trabajo mental lógico y adecuadamente encauzado que sigue necesariamente a una apropiada observación. Es aquí donde Holmes no puede brindar más ayuda, pues si la labor fundamental del detective es la de atrapar al criminal, la del médico es llegar al diagnóstico y es en ello donde se hallan las mayores dificultades, porque no basta tener conocimiento y ser buen examinador, hay que saber sacar las conclusiones correctas. Él mismo así se lo advierte a su amigo Watson en El carbunclo azul: “Veo que, a pesar de ser buen observador, no sabéis razonar vuestras observaciones”.
      Claro que no basta con elaborar adecuadamente las observaciones; es necesario colegir lo que de ellas se desprende. Es frecuente realizar diagnósticos prematuros y llegar a conclusiones equivocadas cuando se analiza con rapidez y sin profundidad la información que se tiene, especialmente cuando no se tiene demasiada experiencia o cuando se insiste en negar las evidencias; lo primero es frecuente en los médicos más jóvenes y lo segundo, paradójicamente, en los médicos con mayor tiempo de práctica. Solamente con un correcto proceso lógico (o deductivo, si prefiere el lector) se puede evitar caer en dicho error, porque no siempre es fácil recordar que no hay que “ajustar los hechos a las hipótesis sino las hipótesis a los hechos” (Una aventura regia). Otro argumento similar a esta “pequeña máxima” se puede leer en El valle del terror : “La tentación de formar hipótesis prematuras, partiendo de datos insuficientes, es el veneno de nuestra profesión”.
      Holmes nos enseña también que si uno está seguro de sus razonamientos, siempre y cuando haya hecho el adecuado proceso deductivo que se inicia desde los conocimientos adquiridos previamente, se encauza al hallar el problema, se confirma con la observación y, finalmente, produce conclusiones, no se debe temer el apegarse a ellos; y no es que existan en Medicina “misterios” difíciles de resolver o que las enfermedades se comporten siempre como un teorema euclidiano; es simplemente que el adecuado razonamiento da bases seguras sobre las cuales trabajar. Nuestro detective lo expresó así en El soldado que perdió el color: “Una vez que se descarta lo imposible, lo que queda es la verdad por improbable que parezca. Puede ocurrir que queden varias explicaciones en pie, en cuyo caso se les somete sucesivamente a todas las pruebas, hasta que una de ellas resulta con mayor fuerza de convicción”.
      Desarrollar esta disposición mental para enfrentar y alcanzar un diagnóstico no es un proceso rápido; muchas veces se desarrolla por la simple práctica y, en otras, por la necesidad, precisamente, de hacer un diagnóstico. Muchos médicos llegan a un momento en su carrera en que se encuentran a sí mismos como los únicos responsables de un paciente; si aquí no se llega a completar este proceso que hemos venido comentando, no se llegará nunca a él. El verdadero mérito radica en alcanzar esta forma de epistemología médica por pura formación autopersonal, a fuerza de desarrollar las propias capacidades, un buen nivel de autocrítica, de incrementar los conocimientos, y de ganar confianza en sí mismo; es más difícil, pero es más satisfactorio para el médico y para sus pacientes.
 TOMADO DE …http://usuarios.lycos.es/victor22/medicina.htm

jueves, 27 de enero de 2011

Del Amor: XII - Propio

NOTICIA DE ÚLTIMA HORA.
Agencia atp. (asociated transilvanian press).


De nuestro corresponsal nocturno. Nuestro mítico e ilustre Narciso abandonó este mundo la pasada noche. Recordado por el gremio médico por ser el creador e impulsor de la Autotransfusión Sanguínea, sufrió de manera intempestiva una desintegración cardiaca al visitar nuestra feria anual; el hecho ocurrió al abandonar el Tiovivo e ingresar a la Casa de los Espejos.

Palomas


¡Si uno pudiera encontrar lo que hay que decir, cuando
todas las palabras se han levantado del campo como
palomas asustadas!

Sabines jaime, Como palomas asustadas

Me quedé indefenso, turbado, al ver la sonrisa de collar que rompía el día; no me contuve y le grité: "Espera". Fue una voz astillada de silencio y ella se perdió entre las voces adosadas del viejo muro y el aleteo de las palomas que bullían en el campanario.

A la memoria del doctor José C. Soto C.


así, a la distancia, desde este mi refugio
apartado de hospitales, me acerco
y te saludo con el ánimo de siempre;
tú sabes que no soy de despedidas
a orillas de una cama.

charlemos, pues, en calma:
seré el escucha que gustaba
de ver en tus recuerdos
y tomaba para sí algunos ejemplos
(como aquellos mis primeros pasos de karate
donde el miedo se hizo flaco,
el sabor dulzón del moscatel u oporto,
o el olor de un libro de un joven  vargas llosa...)

podría conversar contigo días, meses, años...
porque no tengo palabras para decirte adiós
y no quiero doblegarme a la tristeza
-como tú no habrías querido que pasara-;
no reniego de la muerte ni maldigo
y con gusto acepto haber leído aquella carta
por mi libro, que no enviaste, mas deseabas;

anda tío, dame un abrazo,
como el último de los primeros de diciembre, 
y llévate algo del amor de padre que me diste;
que los dos sabemos que la vida es una
y la vivimos, cada quien a su manera,
y si antes nos unió la sangre y el cariño,
hoy nos liga un veintisiete de enero compartido.

martes, 25 de enero de 2011

Mi libertad


Sólo aspiro a ser libre,
para  llorar
o para reír...
para expresar
 mis sentimientos
sin temor ni pena.

Sólo aspiro
a tener
la libertad de odiar
o perdonar;
de amar
o ser indiferente.
¿Por qué ocultarme?
¿Por qué insistir en
ser lo que no soy?

 No quiero
continuar más
 la mascarada
que se deja caer
en soledad
 y en silencio;

Sólo aspiro
a que un día
me devuelvan
la libertad.

Imagen tomada de la red.

domingo, 23 de enero de 2011

De viaje


A menudo sucede, como ahora, que vas mirando en los escaparates la ropa de última moda y un niño, sentado a tu lado, escurriendo saliva por las comisuras de la boca que no puede contener su gran lengua; te observa en silencio. Prefieres observar a lo lejos esas colinas verdes, nemorosas y plácidas, que volver la mirada y, de reojo, encontrarte con sus ojos oblicuos y curiosos. Sus manos, regordetas y torpes, te distraen del paisaje de los prados, en que los sicomoros dejan caer sus hojas formando un colchoncito que invita echarte boca arriba y mirar el cielo aborregado. Tratas de no oír ese balbuceo que insiste en formar un cántico infantil. Prefieres bajar en la siguiente parada y echar a andar de prisa, pretendiendo creer que esas piernas cortas y deformes, con botas armadas de herrajes, son de un ser extraño y no los de tu primogénito.

jueves, 20 de enero de 2011

Esencia


Alcanzo a oler tu esencia
y si nos somos sinceros
deseo robarla de tus labios
ansío poseerla entre mis manos
tal vez te hago bien
tal vez te hago mal
pero igual me doblegas
no sé cuál es tu juego
pues pareces ser muy diestra
en provocarme
y en mis noches de insomnio
de tanto evocarte
te materializas
pero te extraño en la penumbra
confidente
en ese estado letárgico
donde mis sentidos
eres tú
que entre más te pienso
más te pierdo
Imagen tomada de la red.

Del Amor: IV - Ausente


Mi amor: en casa te extrañamos, te necesitamos. Finalmente tu ausencia nos cala los huesos.
Nuestros hijos, cuando llegué a casa, tenían una vela encendida frente a la Guadalupana y al lado una foto tuya; la colegiala de la "Manuel Acosta" de la cual me enamoré.
Después, cuando todos dormían, la apagué para finalmente volver a encenderla por nuestra próxima, eterna unión.

martes, 18 de enero de 2011

La prueba

Ella estaba en un rincón de la sala orquestando sus manos largas que, más que ganchos, parecían batutas. Él fumaba y tamborileaba pensamientos; nada le parecía relevante. Intentaba recordar, pero las evocaciones pasaban veloces y livianas.
—¿Qué haces?
—Tejo.
—¿Es una corbata?
Ella ignoró el sentido irónico y siguió con la labor.
—Sólo practico un punto que resista cualquier embate.
Él salió dando un portazo. Respiró hondo; la fina lluvia
rápidamente lo cubrió.
—¡Tu gabardina! —le gritó.
—Eres divina, estás en todo.
—Sólo te cuido —le dijo paciente.
Se internó por las callejuelas del barrio. La luz mortecina dejaba ver los graffiti y bajo el dintel de un viejo portón, miró a un ciego que cantaba,  percutiendo  con sus pies un bote de lata. Entró en el bar, pidió un tequila, después otro. La luz traspasaba indiferente los dobleces  del  humo que salían de la boca de los escasos parroquianos. Un saxofonista resoplaba el instrumento. No aguantó más y pidió la cuenta.
Por la mañana, su esposa lo encontró colgado con el lienzo que ella había tejido. Dijo para sí: “El punto no es tan bueno, tendré que ajustarlo”, y empezó a vestirse de negro.

lunes, 17 de enero de 2011

Morir o no morir


¿Qué eres, muerte infausta,
y cómo es que te entrometes?,
amores e ilusiones entorpeces
sin importar la pena
que derramas a torrentes.

¿Serás el mítico final palmario
que aguarda impávido y etéreo?
¿O serás el Dios eterno,
que nos recoge entusiasmado
para darnos vida, en el cielo?

En mi inquietante y febril delirio
presiento que muerte es otra cosa;
pues en morir,
hay martirio
para aquel que goza;
pero es alivio
para aquel que sufre;

morir, es yacer en amplias fosas,
en mortajas tétricas y fúnebres;
 y es permitir el sustento de las rosas,
de suaves raíces que se hunden,
 buscando gentiles el camino
hasta esa carne que se pudre.

En el círculo inmutable de la vida
nada muere a ciencia cierta
pues aún yerto y olvidado
algún día, unos labios
amorosos besarán los pétalos
de aquella flor que alimentó mi esencia.

Imagen de Frida Khalo: Retrato de Luther Burbank, 1931.

sábado, 15 de enero de 2011

Del Amor: VII - Cibernético

Por internet y desde países lejanos se conocieron, noviaron, tuvieron sexo a distancia, se identificaron y volvieron reiteradamente a hacer el amor. A pesar de toda la dificultad espacial y debido a la honestidad de ambos, habían intimado de tal forma que decidieron casarse antes de reunirse físicamente.


Ahora, para ellos, finalmente no serían una misteriosa fantasía: ni el olor de su pelo, el sabor de sus bocas, la textura de las pieles, el sonido exacto de sus voces. El amor creció en esa su primera noche; harían el amor sin tener que imaginar esas pequeñas e importantes cosas, así que, después de la romántica cena se retiraron a sus aposentos, encendieron sus PCs, tomaron los ratones y ...

viernes, 14 de enero de 2011

Semblanza: Dr. José C. Soto C.



Hoy no quiero escribir un poema o un cuento, sino hacer la semblanza de una persona a la quiero mucho y de quien heredé el gusto por la medicina y la pasión por las artes. Me refiero al Dr. José C. Soto C.: tío, padre, padrino, maestro, hombre inteligente y gran amigo. A él dediqué Ángeles de barro, libro que mi hija Ireri le entregó hace poco menos de quince días; me habría gustado hacerlo personalmente, ¡pero de él aprendí también esa obsesiva responsabilidad por el trabajo!).
Realizó sus estudios en un seminario franciscano en la ciudad de Celaya y Querétaro. Siendo apenas un chiquillo dirigía ya la revista del colegio, donde escribía artículos y poemas; y en ausencia del director del coro, no dudaba en tomar la batuta y guiar a sus compañeros. Allí aprendió latín, francés e inglés, así como a ejecutar un poco el piano y el acordeón. Dada su capacidad intelectual y académica, en el ámbito monástico se hacían planes para que, en el futuro, continuara su preparación en el Vaticano. Pero Carmelo ―como era conocido― tenía sus propios proyectos y antes del término del noviciado anunció a sus superiores su intención de no renovar sus votos y decir adiós a la vida eclesiástica. En represalia, fue “degradado” a realizar trabajos “indignos” hasta el término del año académico. Sin embargo, lo más terrible fue volver al mundo sin certificado de estudios de secundaria y preparatoria. Se inscribió como alumno en la única escuela secundaria del pueblo, pero impartía clases de inglés. Trabajó un tiempo como agente del ministerio público, pero no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida en una oficina como burócrata; se armó de valor y, en compañía de algunos amigos y del poco dinero ahorrado, se vino a la Ciudad de México a continuar su preparación. Sin cartas de recomendación, sin conocer a nadie, traspasó la seguridad del Banco Nacional de México y se metió hasta las oficinas de un alto ejecutivos quien, tras comprobar que el joven ante él no buscaba otra cosa que un empleo, llamó severamente la atención a su jefe de vigilancia y ofreció al desconocido un puesto como cajero. (Aún sonríe al recordar la anécdota.) Como si trabajar y estudiar no fuera suficiente, se dio espacio para comandar a un grupo de jóvenes aventureros (Estudiantes Jerecuarenses Unidos, EJU) para crear un periódico cultural que repartían anónimamente en su pueblo natal. Ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde obtuvo uno de los promedios más altos de su generación. Durante este tiempo y por muchos años, conformó con varios miembros de la familia Soto Carrillo un grupo (“El clan”) encargado de becar a los mejores estudiantes dentro de la familia para que siguieran sus estudios en la Capital.  Al terminar la licenciatura se casó con Clemencia Hernández ―su novia de siempre―, y se especializó en Gastroenterología en el Centro Médico Nacional del IMSS. Le fue ofrecida una beca para seguir su especialización en Estados Unidos,  pero el amor por sus dos hijas, entonces muy pequeñas, y sus “becarios”, lo hicieron rechazarla. Decidió regresar a Jerécuaro, Guanajuato y dedicarse a la práctica médica privada. Desde entonces han pasado aproximadamente 32 años…
            Tío: échale ganas, tu esposa Clemencia; tus hijos Pat, Aidi, Gabriel, Citlali y Alejandra; tus nietos; tus hijos adoptivos (sobrinos) y hermanos, esperamos tu recuperación. Yo no puedo dejar pasar la oportunidad de agradecerte los dos poemas que me dedicaste, luego de más de cuarenta años de haber abandonado la poesía; te esperamos, aún hay muchas cosas por platicar,

Manolo.

jueves, 13 de enero de 2011

Van Gogh


Amor: te dejé la mitad de la oreja.


















Imagen de  Vincent Van Gogh: "Autorretrato con oreja vendada" 1889.

Sin título


en mi eterna vocación de ave
fui a tu cielo
y sacié mi ansia de infinito

Imagen de Ríos Arts, Franco Belli: Oda a la Naturaleza.

lunes, 10 de enero de 2011

Cambio de timón


Tengo treinta y tantos inviernos y no sé si pueda resistir otro. Soy el jefe por más viejo. En mi tribu cada año nacen menos y cada vez enterramos más. Nuestros hijos duermen: ya no juegan entre ellos. Las mujeres se quedaron sin leche. La recolección de leña es pobre y el frío que se avecina será atroz.
El valle que antes era verde se ha ido marchitando; el forraje y las raíces los disputamos con los animales. Si ordenara rodear las montañas para buscar alimento sería apresurar la muerte del clan. El hielo y los lobos tienen dientes de sable.
Llamé a cuatro hombres y a una mujer que aún conservan la fuerza y la destreza. Platiqué con ellos y entendieron que el fin sería pronto sino hacíamos un cambio extraordinario.
A dos les dije que se situaran en la pedrera, que es un espacio sin salida. Chak, Chia y yo fuimos hacia la manada de puercos que trompeaba en el valle. Ningún animal nos teme, por lo que no desconfiaron. Con sigilo apartamos dos pequeños del rebaño. Amarramos sus trompas, liamos sus patas y los sacrificamos en la pedrera. Mientras los destazábamos, la mujer experta en hacer fuego, hacía crecer las llamas. Horas después llamé a la tribu. Se resistían a comer, pero los obligué.
Ya han nacido nuevos críos. El ulular del viento anuncia la epifanía de las heladas. Hemos reunido suficiente leña y la cueva se ha hecho tibia. Ahora los recién nacidos tienen sol en sus ojos y en el brillo vive una promesa intensa.
Los rebaños no nos temen, pero ya nos miran con recelo.

domingo, 9 de enero de 2011

Del Amor: XVI - Cibermilagros

Sentado frente a su laptop, un hombre de pelo cano y vientre ligeramente abultado, envía correspondencia a su amada cibernética, una linda mocita de lejano país. La electrónica realiza el milagro, a cada fracción de segundo lo volvía cada vez más joven hasta llegar a otra pantalla, donde, la imagen de un joven apuesto era observada amorosamente por una mujer, cuyas arrugas luchaban por ocultarse entre pesados afeites.

viernes, 7 de enero de 2011

Alquimia



Algún día seré yo en cada uno
de los yo que me conforman
con el viento de frente
y la luz hecha girones
desnudo entre la lluvia

seré yo recostado en tu cintura
con el tibio aliento de tu pubis
por mi piel
como el gato que ausente de tejados
se despierta
bajo el frío portal de las estrellas

seré yo
sobre las pálidas costuras de tu nombre
niño intemporal que envuelto en piedra
el tacto de tu alquimia ha dado forma

Imagen de José Miguel Abril, Mujer.

jueves, 6 de enero de 2011

Instante somático

Fue el tejido cutáneo
de mis noches olvidadas
el añejo buqué de una piel anónima,
esa acrónica forma de amarse
en la fricción de membranas.


Fue mi boca sedienta
del tegumento de tus senos,
tu cuerpo desnudo en el firmamento
de ese lecho de deseo sin freno,


un diluvio de estrellas
entre el cielo y aquel vacío
la rutina de un segundo
en una dermis reseca
prototipos, glóbulos y moléculas
a mitad de tu pecho,
una fracción del mundo
que poco a poco se aleja.
La enorme aridez
de antiguos adioses y la correría,
el insomnio rutinario del ayuno
el afán bestialmente perruno,
tu seudónimo suspirado en la ironía.
Fue la probabilidad de mi vida
inversamente proporcional
al laberinto de tu cuerpo,
un planeta distinto
en cada uno de tus ojos
fueron todos y ninguno…
tan fácil y tan falso según recuerdo.


Fue un insólito convenio de absurdos,
de promesas incumplidas,
de mis carcajadas reprimidas
y tus lloriqueos en lo oscuro.


Fue una serie de caricias inconexas,
una docena de besos
un racimo de lagrimas y una amalgama de risas.
El espejismo de un sueño en una plaza colonial
que intentó ser algo más que eso,
la leche de un ave nodriza
que se agria en las hojas de un libro pequeño
un verso que vivió y murió desde aquel día.

I

En los bellos sueños te apareces
y en mis labios dejas el sabor de ti.

Te amo desde la primera mayúscula
de cada escrito
hasta el punto final de mi cuerpo.

Sexo inspirado con tus manos,
calor que transita mis entrañas.

Te amo en cada horizonte
que conforman nuestros cuerpos.

Te amo pues, poeta.

miércoles, 5 de enero de 2011

Del Amor XV: Inmaterial

Es redondo y de barro, de cuello angosto, con aplicaciones de cuerda y ocupa un lugar a la entrada de casa. No brilla, acaso recordando su origen y lugares en que ha reposado. Su presencia pasa desapercibida algunas veces por la gente que pasa de largo o nos visita.

Es un pequeño jarrón de alfarería barata. Una tarde llegó en unos brazos femeninos que lo rescataron de un montón de basura; sus amorosas manos lo asearon y le posaron en ese lugar.

Alguien, muy bien enterado, me dijo: que las manos que lo crearon, buscan afanosas estas otras, para mandarles caricias y bendiciones.

martes, 4 de enero de 2011

Diluvio


Sólo necesito un día más de llanto y lo habré superado, se dijo Dios.

Imagen: Tomada de la red

domingo, 2 de enero de 2011

David a Goliat



Estoy a un paso de ti. Es el más grande que daré.


Imagen: Tomada de la red.

Bofetada


Una multitud observa cómo se reparte la última porción de alimento. Entre ellos hay un niño que sobresale: tiene una mirada amarga y cercana al rencor. Llegó al campamento con el deseo de mordisquear un pan y llevarle a su madre enferma otra porción. Se ha quedado sin nada; regresará sin hambre, pero con una fiera recién nacida en el alma.

Imagen tomada de la red.

Inundario


No lo puedo evitar: el agua me hechiza. Con ver unas gotas, surge en mí el deseo impetuoso de sumergir lo que tenga a mano. Comencé muy niño: anegué el baño, el jardín, y en una ocasión memorable, la casa entera. Cuando llovía, sumergía insectos, ratones, gatos y perros.
Hasta ahora mi mayor logro ha sido el tanque de almacenamiento del pueblo. No creí que se vaciaría así de rápido. Seis casas resultaron dañadas y varias reses muertas. Me mojé de la emoción.
Ahora, la experiencia suprema. Lo tengo todo listo. En la base de la presa, una explosión provocará el agujero. El agua subirá varios metros en segundos y disfrutaremos todos hasta el orgasmo la inundación sincrónica de nuestros pulmones.
Imagen: gremlin.