jueves, 26 de febrero de 2015

Manicomio


El sol era un coágulo y el cielo tenía naranjas y violetas. Escrutó la tierra, el mar y los arrecifes.
—Hoy amaneció con una cara de dulzura —observó el enfermero.
— Así son los pacientes furiosos, poco antes de morir cambian —contestó el psiquiatra.

martes, 24 de febrero de 2015

Al día siguiente



Al día siguiente
tu sonrisa apareció
entre mis escombros
que han estado ahí por años
grises, secos
tristes, rotos
Humedad permanente eres en el transcurso de la noche
palabra entrecortada por mis dedos dentro de ti
gemidos hechos sombras de hotel
Compré un souvenir de mi hambre en la oscuridad
en el silencio de mi llanto olvidado 
y te leí un capítulo (el primero)
de mi vida podrida
Hace rato que no dormía(mo)s 
¿soñába(mos) acaso?
Sin ser invitado
me diste dos bienvenidas
Ayer lloré


J. Jonathan de la Cruz Pacheco (Ciudad de México). Estudió Medicina General en la Facultad  de Estudios Superiores Iztacala generación 1999. Médico Ortopedista y Traumatólogo egresado  de la SSGDF generación 2007. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Selección natural


Desconsolado, abrí los ojos y me encontré atrapado como ayer, como antes de ayer, como lo recuerdo desde chico entre estos barrotes duros y fríos. Nadie entiende lo que digo por más que grito ecuaciones complejas. Ya no me queda la esperanza de que alguien me abrace, la bestia del látigo me separó de mi madre hace unos días; solo espero que los niños que se asoman a la jaula de los monos tengan consideración por mí y no me vean como alguien inferior a ellos. ¿Cómo iba yo a saber que al reencarnar todo acabaría de esta manera?



Dr. Hilario Martínez. Conocí los libros por mi padre, él me enseñó a amarnos y a atesorarlos, pero aprendí de mi abuelo a amar la vida y a respetar la combinación de ambos: me volvió medico. Y como me gustan los rompecabezas, me hice ortopedista; pero también me gustan los juegos de video, y me hice artroscopista. Después de un tiempo entendí que no sólo podemos crecer en una sola dirección sino que la vida es un río con distintos afluentes y vertientes,  y que la palabra tal, como decían los druidas, nos da poder.  Muchas veces el poder de transmitir, otras el poder de conquistar, otras más el de desenmarañar los sentimientos que tenemos muy en el fondo y que se asoman taciturnos y no nos dejan dormir, así que de vez en vez me hundo en la melancolía eufórica de las palabras, y escribo.