miércoles, 30 de mayo de 2012

El ocaso (historias de cirujanos)




“Las horas son duras de roer”.

Leíste la frase escrita en algún breve de Monterroso. Y casi en el mismo segundo tu mente te llevó a la sala de juntas. En el servicio de Ortopedia. Por esas rarezas que llegan en un instante de la vida, imaginaste alguna discusión ríspida con algún otro colega. Y ese sólo recuerdo te llenó de alegría. Entrecerraste los ojos y en ese brevísimo parpadear, tu mirada, hasta hacía bien poco, triste y grisácea, se encendió en brillante llamarada. Recordaste de pronto las airadas defensas que hacías de tus casos. En ocasiones con altisonantes expresiones y ante las atónitas miradas de los residentes y estudiantes de medicina. -¡Coño, cabrón y carajo!- tus exclamaciones preferidas.
Te perdiste después en el laberinto de tus recuerdos. -La cirugía- había que haber visto cómo te envolvías en esa aureola de conocimiento, habilidad y maestría. La minuciosidad de planear una prótesis de rodilla. Los dibujos en las plantillas. Las mediciones. Y desde luego los carajos y cabrones que brotaban de tus labios como poesía. Tu rostro perlado de sudor. La seguridad del bisturí hecho a la medida de tus manos. La melodía del taladro o de la sierra haciendo los cortes en el hueso. La meticulosa y delicada colocación de los implantes. El cierre de la herida. Verte después descansando en un banco de altura. En algún rincón aislado del quirófano. Tu guarida. Tu mirada tranquila. Los elogios de tus ayudantes y enfermeras. Y sobre todo, el sincero adiós de tus pacientes, agradecidos por haber reiniciado la marcha.

 "Las horas son duras de roer".

 Y a pesar de tu dureza, una lagrima resbalando por tu mejilla.
Toda tu gloria echada por la borda.

Ahora lectura tras lectura. Tratando inútilmente de matar el tiempo de cada jornada.

 Hay ansiedad, hay angustia. Hay sobre todo un enorme rencor en tu alma.¡Morí!

 Dijiste un día y asomé mi sombra y lo negué. Aún no.

Tu mirada extraviada buscando la salida. Tus cabellos canos. El sonido tembloroso desde la comisura torcida de tus labios. La lengua asomando torpe y el goteo permanente de saliva. ¡Tus manos! Manos hoy torpes, paraliticas, dormidas. El infarto al corazón brutal al mediodía de tu sendero.
La desazón y el desconsuelo. La pauta para el rencuentro con tu vida.
¿Mi vida? Exclamabas encabronado con la vida.
Tu vida es la sesión ríspida, la discusión, la broma, la charla placida. El cigarrillo abrazando tus pulmones. Las tazas de café desfilando una a una.  El dolor de cabeza,  y la fractura de la cadera. Cabrona. ¡Muy cabrona! El monitor del carro de anestesia. Y el tripie sosteniendo frascos y bolsas de suero. Los ojos angustiados de tus jóvenes residentes. Y los ojos ansiosos y enamorados de la joven doctora. Esa era tu vida.

Esa, y no esta que te ha confinado al abandono y al olvido.
A la pacifica vida de revivir películas de antaño y platicas y sueños y lecturas.
Cierra pues los ojos. Apréstate finalmente a descansar tu cabeza en mi regazo. A regalarme tu alma en este viaje sin retorno. 

sábado, 26 de mayo de 2012

Escándalos


Se retiró a sus aposentos en silencio, disfrutando (¡por fin!) de la calma doméstica. Por fortuna, el olor a sangre sí permite dormir.


Imagen tomada de la red.

sábado, 12 de mayo de 2012

El Internado: (XIV) La Morena


Aunque no prometimos silencio, no diré su nombre, porque era una mujer casada y, además, yo cortejaba a Yuyú (sin imaginar que me haría perder seis preciados meses de internado). Por fortuna, las cosas estaban por cambiar después de aquel sábado.
―¡Felicitaciones, Cocús! ―dijo una voz a mi espalda.
Ahí estaba la Morena: delgada, alta, pelo corto y lacio, senos pequeños, pero amplia de caderas. En un instante se me reveló el secreto de por qué mi amigo el Cabezón la asediaba descaradamente.
―¿Es tu cumpleaños, no? ―La Morena sonriendo un tanto desconcertada, me extendió un paquetito adornado con un moño hecho con un cubreboca.
―Sí ―balbucí y acepté el regalo y el abrazo.
―Pero no lo abras delante de tus amigos ―me susurró al oído―. No sería conveniente...
Seguí en silencio el contoneo discreto de las caderas de la Morena hasta que abandonó el cuarto de descanso, para perderse en alguna de las habitaciones del piso de cirugía. No lograba explicarme cómo había pasado desapercibida para mí, hasta el día de hoy.
―Órale, Cocús, no pierdes tiempo con las A-36 ―dijo Pili desde la litera―. ¿Qué te regaló?
―No tengo la menor idea, al rato lo reviso, ahora tengo que pasar visita en el cunero, nos vemos al rato.
El detalle de la Morena vino a disipar un poco el malestar que me había acompañado toda la mañana. El marcador de regalos recibidos por mi cumpleaños 23 indicaba: Cocús (regalo desconocido de la Morena) 1 ― Hijo de Puta (guardia de castigo) 1.

Imagen de David Ozuna: Mujer morena.

martes, 8 de mayo de 2012

Marginados


A la memoria de un enfermo psiquiátrico indigente
que rondaba el hospital donde trabajo
(7 mayo 2012)

El automóvil venía a toda velocidad y no pudo detenerse. En medio de la confusión y el caos que siguieron, el indigente agitó sus alas y fue en busca de otro mundo con el que sí se entendiera.


Imagen tomada de la red.

domingo, 6 de mayo de 2012

Fernando Botero

La obra de Botero, -amén de sus famosos gordos-. es una obra que retrata los distintos aspectos que conforman  nuestra sociedad. El propio Botero dice que el no pinta gordos, y en efecto, si uno mira detenidamente cada obra, se encontrará que la agilidad, el movimiento, la sensualidad, son mas bien de personajes voluminosos que mantienen una simetría extraordinaria y que en nada parecen acartonados en la obesidad.
Esta fue mi oportunidad de atrapar con la cámara estas imágenes.
Palacio de Bellas Artes, Cd. de México
Mayo 5 de 2012




En el circo: equilibristas
 


Niña con gato
  

Baile



Baño en el vaticano
 


Plaza de toros


Jardineras
 


Ministro

La señorita
  

viernes, 4 de mayo de 2012

Visita al Hospicio Cabañas


Edificio diseñado por el gran arquitecto Manuel Tolsá, denominado patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO desde en 1997 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Es el depositario mayor del muralista jalisciense José Clemente Orozco y otras colecciones así como de exposiciones temporales que están a cargo del ahora Instituto Cultural Cabañas.
Cabe destacar que los murales de Orozco no tienen nombre propio, los han denominado con algunos nombres con el fin de identificarlos. Han sido objeto de múltiples investigaciones e interpretaciones. Los temas principales: la conquista y el mestizaje.


El hombre de fuego





Vista desde el patio central


Fotos: Diana RHM, Hospicio Cabañas 2012.