domingo, 23 de enero de 2011

De viaje


A menudo sucede, como ahora, que vas mirando en los escaparates la ropa de última moda y un niño, sentado a tu lado, escurriendo saliva por las comisuras de la boca que no puede contener su gran lengua; te observa en silencio. Prefieres observar a lo lejos esas colinas verdes, nemorosas y plácidas, que volver la mirada y, de reojo, encontrarte con sus ojos oblicuos y curiosos. Sus manos, regordetas y torpes, te distraen del paisaje de los prados, en que los sicomoros dejan caer sus hojas formando un colchoncito que invita echarte boca arriba y mirar el cielo aborregado. Tratas de no oír ese balbuceo que insiste en formar un cántico infantil. Prefieres bajar en la siguiente parada y echar a andar de prisa, pretendiendo creer que esas piernas cortas y deformes, con botas armadas de herrajes, son de un ser extraño y no los de tu primogénito.

6 comentarios:

Patricia dijo...

Durísimo cuento Alfonso.
Un gusto leerte.

josé manuel ortiz soto dijo...

Doctor Pedraza, cierto: muchas veces quisiéramos estar en ese vieje en que la realidad no asoma, pero, por desgracia, el viaje termina siempre.

Me gustó el texto.

Rosio dijo...

Que fuerte!!!

Alfonso Pedraza dijo...

Gracias Patricia, Rosio Y Manuel. La crudeza de una realidad que trata de evadirse, de curarse con una especie de cataplasma en una herida.

sendero dijo...

Estimado colega que texto tan duro. Haces una foto del alma de quien ve y no mira y se escapa. Mira esto es lo contario Tambien trisomia
http://teecuento.wordpress.com/2009/10/06/simon-camila-reimers/

Oscar mtz dijo...

saludos. un mini ingrato y crudo, bien narrado.