viernes, 7 de octubre de 2016

En uno de estos días

Autorretrato. Cd de México, oct. 2016

¡Patético!

Exclamó mi mujer desde la cocina, una vez haber corrido la cortina, con discresión,  para no ser vista por nuestra vecina Patricia.
Había estado fisgoneando los últimos veinte minutos, justo después de haber descubierto que, una vez marchándose el vecino, hizo acto de presencia el señor Antonio, otro vecino.
Arrumacos y caricias con esa libertad que dan los goces de frutos robados, frutos prohibidos.

¡Patético! Volvió a exclamar en franco tono de enojo.

Y siguió en una larga letanía

¡Pendejo cornudo!

¡Señora doña puta!

Y toda una larga fila de improperios.

Yo, sumido en una indescriptible sensación de desasosiego, entre malestar y celos.

-¡déjalos ser, mujer!

A ti que te importa lo que vivan entre ellos.

¡Señor cornudo, señor cabrón, señora puta!

Nosotros a lo nuestro, y punto.

Y lo dije con tanta firmeza y convicción de principios que, pude sentir en aquel ambiente, el franco arrepentimiento de mi esposa.

-tienes razón, viejo. Dijo al fin, tomando sus cosas y marchando a su trabajo. 

Despidiéndose.

-desasosiego, malestar, celos.

¡Te estas pasando Antonio! ¡Te estas pasando! Exclamé al mismo tiempo que extendía el billete al vecino. Consciente en que, tampoco, podía exigirle mucho.

Arrumacos y caricias. Pensaba. Mientras Patricia comenzaba a quitarse la ropa.

-¿qué dice la bruja? Preguntó Patricia.

Que tu marido es un cornudo, que Antonio un cabrón y tú una...
Bueno ya sabes lo que dice.

-¿Sospecha?

-¡naa! Respondí con certeza.

¿Se sobrepasa Antonio? Pregunté con ese escozor de celos en el pecho.

-le dejo que palpe tantito. Para que la bruja vea, y para que a él se le pase la angustia.

¡Cabrón! Exclamé un tanto molesto.

Mientras recorría ya, palmo a palmo aquel cuerpo joven, lleno de vida.
Fuera, Antonio guardaba los mil pesos en su cartera.

Mi mujer en su trabajo seguiría pensando que lo mejor, era olvidarse de los vecinos, y seguir con lo nuestro, y punto.

-Un día de estos te descubren de fisgona, y buena la tienes con el chisme. Había rematado aquella mañana.



© 2016 By Oscar Mtz. Molina

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