lunes, 5 de marzo de 2012

Desconcierto



Se vio así mismo sobre aquella cama: maltrecho por la edad, la respiración jadeosa y lastimera del agonizante. No era imagen para llevarse con él y hurgó en el tiempo, pero los recuerdos eran vacíos por los que caía; hoyos negros imposibles de llenar. Abrió los ojos en busca de algún conocido y encontró a una anciana de rostro inexpresivo, a un hombre maduro que escrutaba su reloj con insistencia, a una mujer joven que corría detrás dos chiquillos que no se estaban quietos. Volvió a cerrarlos. Ahí en la soledad del lecho de muerte, Santiago Feria se dio cuenta que aquella vida por concluir no podía ser la suya.


Imagen tomada de la red.

3 comentarios:

ROSIO dijo...

ahhhh...lo siento triste...me gusta....

josé manuel ortiz soto dijo...

Rosio, tal vez solo desconcertante.

Un abrazo.

carlos de la parra dijo...

Es que sólo somos capaces de creer en la muerte ajena.
Por más que la especulemos, nuestra naturaleza es la vida.
Quizás resulte cierto que las almas vagabundas de los muertos acechan a los amantes para encarnar dentro del óvulo impregnado.
Muy posible que un fantasma de éstos sea quien elija al espermatozoide triunfador.