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martes, 10 de septiembre de 2013

Terapia relativa

—Antes, todo era tan sencillo —decía angustiado, paranoico, Don Tiempo.
Recostado en el diván, desordenado su largo y glauco pelo,  ante la mirada atenta del psiquiatra.
—Ir del día a la noche, lunes a domingo,  primavera a invierno, siempre adelante. Hasta que apareció un tal Einstein…

jueves, 25 de abril de 2013

Bajos mundos


"Bajos mundos"
Dibujo al carbón y luces con borrador
Del taller de dibujo de figura humana
Xalapa, Veracruz (2002)

jueves, 1 de noviembre de 2012

Para el día de muertos


"Calavera" (2002)
Dibujo al carbón (Ejercicio de principiante).
Taller de Dibujo de la figura humana
Xalapa, Veracruz.


sábado, 11 de agosto de 2012

Médicos en El libro de los seres no imaginarios


El pasado 8 de agosto se presentó en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, El libro de los seres no imaginarios (Minibichario) (Ficticia Editorial, 2012). Libro que conjunta a los fotógrafos Beatriz Hernández Meza, Enrique Ramírez y Alejandro Boneta, quienes aportan sus imágenes de bichos para que 42 escritores* echen a volar la imaginación y nos entreguen 42 minificciones. El proyecto nace de la conversación de los médicos y escritores Diana Raquel Hernández Meza y José Manuel Ortiz Soto, pero no son los únicos médicos que participan en el Minibichario, también forman parte de él Elizabeth PérezRamírez, Alfonso Pedraza y Rubén García García, integrantes de esta página, Médicos Mexicanos por la Cultura y las Artes.
La presentación del libro estuvo a cargo de Hugo López Araiza Bravo, Edgar Omar Avilés, Beatriz Hernández Meza, Marcial Fernández y el antologador. La sala Adamo Boari estuvo, según cifras oficiales del Palacio de Bellas Artes, ocupada por 180 asistentes. Aquí, unas imágenes del evento. Entre los asistentes, estuvieron los doctores Alba Gurza y David Bazán.








Imágenes de la entrada de Diana Hernández y Eduardo Mendoza.

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*Autores: Abelardo Hernández Millán, Adán Echeverría, Agustín Cadena, Agustín Monsreal, Alfonso Pedraza, Alonso Díaz de Anda, Amaranta Caballero Prado, Amélie Olaiz, Carmen Simón, David Baizabal, Diana Raquel Hernández Meza, Dina Grijalva, Édgar Omar Avilés, Elizabeth Pérez Ramírez, Fernando C. Pérez Cárdenas, Fernandez Sánchez Clelo, Gabriela D'Arbel, Gabriel Hernàndez García, Guillermo Samperio, Hugo López Araiza Bravo, Iliana Vargas, Jeremías Ramírez Vasillas, Jesús Olague, Jorge Oropeza, José Luis Sandín, José Luis Zárate, José Manuel Ortiz Soto, Josué Barrera, Laura Elisa Vizcaíno, Lorel Manzano, Marcial Fernández, Marco Aurelio Chavezmaya, Norberto de la Torre, Paola Jauffred Gorostiza, Quique Ruiz, Ricardo Bernal, Richard Densmore, Rosa Delia Guerrero, Roxanna Erdman, Rubén García García, Úrsula Fuenteberain, Víctor Antero Flores.

 

sábado, 28 de abril de 2012

Día de asueto


No supo si fue a causa del majestuoso sol caribeño brillando en lo alto, el voznar de las garcetas a su derredor, o la fresca corriente del río donde se bañaba; el caso es que por fin le fueron indiferentes: sus odios y temores, el desencanto de un amor perdido, las algas que le enredaban los pies y la salobre agua que inundaba sus pulmones.


Imagen tomada de al red.

sábado, 24 de marzo de 2012

Boceto de cinco minutos




Del curso de dibujo de la figura humana (Xalapa, Veracruz. 2002 - 2003)
Con carboncillo mediano. Utilizando técnica de proporción visual, espacios vacíos y relieve



jueves, 23 de febrero de 2012

Divina vacuna


Por mandato celestial fueron excluidos del arca: virus, bacterias y demás microseres vivos. Noé, agobiado por la bruma y el frío de la lluvia continua, se mantenía a cubierta meditando. Preocupado por saber si en verdad los navegantes estaban libres de microbios y de sus males, preguntó:
—Yahvé, padre mío, ¿en verdad vamos libres de ellos?
—Confía hijo, nunca los padecerán en el futuro… mas, si aparecen será por obra de los evolucionistas.




Imagen de Neiley Molina (Lissa): El Arca de Noé.

martes, 27 de diciembre de 2011

Llamado de sangre

 
Nochebuena daba paso a Navidad. La tenue luz de la aurora agredía la visión del pálido Santa quien, por un momento, se creyó con tremenda resaca. A pesar del dolor de cabeza, su memoria colocaba frente a sí la imagen de la linda mujer: esbelta, de rostro níveo, y una linda y rosada lengüita que mostraba entre dos caninos apenas prominentes.

—Las mujeres, ¡ay!, las mujeres —decía, tocándose el cuello dolorido.

En su oído aún sentía su aliento y esa vocecilla que decía; “tu traje me abre el apetito y mi debilidad son los hombres rubicundos”.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Del amor V: Sin interés


EL REGALO DE LA MUERTE.

Lucio, Luchito como le decíamos sus amigos, a los 40 años de su exitosa vida; dueño de numerosos negocios que le permitían una vida más que holgada a él y a su numerosa familia; sufrió un infarto repentino. Su duro corazón, indiferente al sufrimiento ajeno y ávido de atesoramientos, también atiborró grasa en sus arterias hasta colapsar. Angustiado se resistía a acompañar a la flaca al viaje final, no podía, no debía morir. La buena muerte le había concedido la gracia de ver su tiempo perdido. Y se recuperó...

El primer día que pudo salir de casa por su propio pié, al abrir la puerta, a punto estuvo de pisar unos "segundos" y unos "minutos" yaciendo a raíz de suelo, maravillado los levantó, los inspeccionó y se los echó al bolsillo. Con paso lento, cuidando ese amiguito que aún latía en su pecho echo a andar hacia el consultorio de su cardiólogo distante unas pocas cuadras. Unos impacientes "minutos" posados en la banca de la parada del autobús fueron el siguiente hallazgo, con lo cual llenó todos sus bolsillos. Pasar frente a la barbería y saludar a Figueres fue la causa de encontrar unas peludas "medias horas" entre las revistas y espejos del local, llenó una bolsa con ellas y feliz llegó a la sala de espera del doctor. Ya intencionalmente buscó y encontró unos angustiados "momentos" ocultos bajo el escritorio de la recepcionista los cuales abarrotaron el portafolio que llevaba. Al entrar con el médico se sentía realmente bien y cuando sorprendido el galeno le confirmó su buen estado de salud comprendió el alcance del regalo que había recibido en trance de muerte.

Así fue que a la obsesión de atesorar dinero, Luchito dio por atesorar su tiempo perdido. Empezó a buscar en cuanto lugar podía haberlo: en el aeropuerto unas "emperifolladas horas", angustiadísimos "momentos" en la sala del dentista y hasta unos juguetones "ratos" en la puerta de la tortillería.

Al bienestar físico siguió el rejuvenecimiento. Cuando logró llenar un gran cuarto con todos esos tesoros, Luchito volvió a ser un niño de 7 o 6 años. Fue entonces que el niño jugando en el parque tropezó con un viejo pordiosero y como en los bolsillos no encontró monedas le regaló unos cuantos "minutos" que llevaba en la bolsa. Después de esto se le vio en hospitales y asilos convidando a enfermos y ancianos y no paró hasta que, poco tiempo después al ir a buscarlo a su lujosa mansión, lo encontré completamente solo, envejecido, agónico y feliz.

jueves, 20 de octubre de 2011

Esperé el plenilunio


Esa noche la telaraña atrapó luz de luna y convirtió su seda en plata. La orgullosa artífice, cautivada por el nuevo aspecto de su obra se posó en el centro de la red y fue fácil; bastó un disparo de mi larga y viscosa lengua.
¡Qué delicia de araña!

sábado, 16 de abril de 2011

Balinesas

Reproducción de pintura de "Chamaco" Covarrubias

Técnica: Repujado en lámina de aluminio. Envejecida. Pátina dorada.

domingo, 27 de marzo de 2011

Hombre con chongo


Técnica: Carbón sobre papel


Realizado en el curso de dibujo de la figura humana en el museo de la escultura de Xalapa, Veracruz.

viernes, 18 de marzo de 2011

¡Fuera... abajo!


Esas dos palabras aunadas al ruido de una motosierra fueron lo último que percibió antes de caer y rodar por la colina del antaño nemoroso paraje.
De su muñón, anclado al suelo, brotaron de inmediato lágrimas de sabia buscando inútilmente llegar hasta sus hojas y, envuelta en un aroma arbóreo, emergió su alma.

Desde entonces lanza sus lamentos; no por el uso que de sus ramas hicieron los lugareños al curar su frío invernal, sino por el destino final de sus troncos convertidos en unos finos y lustrosos libros de ecología.

jueves, 24 de febrero de 2011

Versos a Sor Juana Inés de la Cruz


No soy yo la que pensáis,
sino es que allá me habéis dado
otro ser en vuestras plumas
y otro aliento en vuestros labios.

Sor Juana Inés de la Cruz
México (1648-1695)

Amordazada en desacuerdo de obediencia
entro al silencio más largo de mi vida.
El último.

Mudos se oirán los discursos que no escribiré
serán los más terribles
porque no hay silencio más temerario
que el silencio del poeta
el silencio del científico
el silencio del intelectual.

No quedan palabras ante una realidad
que atropella y mutila.
No intentaré otra defensa.

Muda quedará la pluma
de intempestivos versos
de ardores propios y ajenos.

Tengo un corazón hecho grito
una mano estrujando caricias
una boca que traga besos cautivos
que desahogo en ciertas noches
cuando huyo de mis propias garras.

Mis escritos comulgan
entre mi innata virginidad condolida
y mi intento postergado de arrebatos
cuando a solas me entrego
en esta celda sombría
abstraída al zenit del conocimiento.

Reconozco haber escrito versos profanos
que me censuran
con vehemencia febril
¡misericordia!
miseria, corda, corazón,
más allá del pensamiento
sin discutir mis enigmas
sin soslayar mis recovecos
sin encubrir mi perfidia.

Mi palabra arropada en formas
yace desnuda como un lirio quieto.

Renuncié a otra vida
por traspasar el umbral del saber.
Aquí serené mi inquietud insaciable.
Ahora con dolor debo despojarme
de mis libros amados
¡son tantos...!
de mis elementos científicos
¡exactos!
de mis instrumentos musicales
¡bellos!

He amado lo que el Hijo
tiene de hombre y de divino.
He deseado su santo nombre
tanto como sus pies llagados.
¿Habrá sido éste mi peor pecado?

Mi rebelión ha quedado devastada.

Aquí dejo como legado
mis poemas editados
y mi último escrito,
una carta en respuesta a sor Filotea de la Cruz,
mi confesor, mi editor, mi amigo.

Parto en silencio a socorrer a mis hermanas
que agonizan en la epidemia.
Voy a ensañarme con la fiebre espesa
hasta que me consuma el fuego
desde adentro hacia afuera.

Dejo lo que fui en mi empeño:
un estandarte,
un crucifijo insurrecto,
una mujer de hábito oscuro,
una respiración ambivalente
como el mismo eco de la Historia.

Sé que en un punto llegarán los perdones
a desgranar sus uvas en las coronas,
allí me alivianaré
me alimentaré
me persignaré
y desprendida como una tentación
me fugaré por debajo de la puerta.

LILIANA ZWETSCHEK

miércoles, 16 de febrero de 2011

Mito imperfecto


Así que era verdad, de tal forma lucían los vampiros. Mis propios ojos lo confirmaban: la tez blanquecina, en el cráneo unos cuantos pelos sucios y adheridos al cuero; ojos inyectados de unas pequeñas venas azulosas y los colmillos prominentes y amenazadores.

Sin embargo había algo que discordaba. No toda la leyenda debía ser verdadera pues el espejo me reproducía perfectamente.

jueves, 3 de febrero de 2011

Del Amor XVII - Demasiado Tarde

—Viera que güena me ha salido la Juanita, casi nunca se enferma y con nuestros cinco chamacos, tan sanos y brincones como ella —esto me decía Lencho, en una noche de lampareada buscando tlacuaches y liebres en el monte cercano del pueblo—. Mira esa luna, me recuerda a la Juana cuando era joven, blanca, redondita y pícara la mocosa; se tapaba la cara con el rebozo a lo mesmo que las nubes le tapan la luminosidá a ratos.
Ni un ojo brillaba entre las matas; sólo los grillos en su monótono chirriar y algún ladrido lejano nos hacían notar el profundo silencio que imperaba.
—Una noche de luna como esta fue que había ido a buscarla a su casita, una de sus hermanas que sale y me comenta: "Lencho la Juanita se jué con el Tomás, quesque la iba a llevar a la capital, que ya tenía trabajo seguro". Alueguito sentí que se la llevaba a la mala pues siempre le había tenido ganas a la chamaca y ésta, tan ligera como sus pies. Asì que me apresuré, fui por el caballo para alcanzarlos no fuera que llegara demasiado tarde.
Su cara enrojeció al encender un nuevo cigarrillo y un ligero temblor en su voz me impidió a mí preguntar lo obvio.
—Los encontré tiempo después, no me preguntes cuándo ni como jué que me la traje compadre. El caso es que ya con el tiempo comprendí que, para un corazón sencillo y enamorado como era el mío, sea la hora que juera, nunca iba a ser demasiado tarde.