martes, 9 de diciembre de 2014

La residencia (XXIV): Abismo



Nació del vientre de la tierra, porque fue imposible que algún otro vientre tuviese la tranquilidad para germinar, albergar y parir tan monumental desgracia. La noticia se propagó. Pronto no hubo animal que no temiera cruzarse en su camino. Las especies más pequeñas —siempre vulnerables—decidieron dejar el territorio y desaparecer. La vida, que aún tenemos, ha de ser lo más preciado, decían. Algunos animales llamaron a consejo, y aun los no muy ancianos, pero nada pendejos, votaron por unánime para que aquel adefesio se uniera a su gremio. No habría de pasar mucho tiempo para que ocupara, y escalara, puestos de mando. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

La residencia (XXIII): Lavado bronquial


A la memoria del Dr. Francisco Fernando Girón Solórzano, expresidente de la Asociación de Médicos Escritores de Guatemala, amigo que gustaba de darse una vuelta por esta página.


El recién nacido nada sabía del Marqués de Sade o de Dante y La Divina Comedia, pues a pesar de hablarse de libertad de expresión y otras estupideces, éstas eran lecturas prohibidas en las bibliotecas celestiales. Pero, como buen humano y poseedor de ese instinto previsor de los malos tratos y los infortunios, si aquellos no hubieran existido, seguramente él los habría creado. "Desde luego, de contar con unos cuantos días más de vida", se decía al ver que el pediatra agregaba otro centímetro de solución fisiológica a su cánula endotraqueal y la pesada mano de la enfermera, armada con un monstruoso ambú, impulsaba el líquido dentro de sus pulmones. Las oleadas descendían furiosamente, arrastrando a su paso peñascos de moco. Una sensación de ahogo y explosión inevitables se apoderaban del neonato a cada segundo.
Ahora hay que aspirar escuchaba decir a una voz lejana, como la de la misma muerte, y cuando el agua amenazaba con terminar su ahogamiento, el mar se iba alejando, aspirado por una fuerza suprema. La vida volvía lastimosamente al convulso cuerpo, para principiar nuevamente dos, tres, cuatro veces... cuantas veces fuera necesario.
Los cantos de Maldoror de Lautréamont habrían sido un buen principio...


viernes, 31 de octubre de 2014

Calaverita médica


Entre médicos la Muerte
anda como por su casa,

por eso al ver a Pedraza
le dio un abrazo bien fuerte.

“¡Adónde vas con mi amigo!”,
le salió al quite Rubén.

"Si quieres venir también,
compadre vente conmigo".

Elizabeth preparaba
a sus muertitos altar,
la Muerte la fue a tentar
con lo mejor de su cava.

"No creas que por chiquita,
Diana tú te salvarás:
si la verdad no te agüita 
de un baile te pelarás". 

"Para lubricar mis huesos, 

a Óscar me llevaré,
ya luego saldo con besos
el ajuste que me dé". 

La muerte que no distingue
sexo, color, religión…
aunque uno al verla respingue
no se salva del panteón.

Ya mejor aquí le dejo
pues tengo cosas que hacer:
me voy corriendo al festejo
de una muy Flaca Mujer.



lunes, 27 de octubre de 2014

Conferencia "La historia del Alfabeto"

La Academia Mexicana de Médicos Escritores invita a la conferencia "La historia del alfabeto", a cargo el Dr. Ulises Casab el día 30 de octubre de 2014 a las 20:00 h, en el Auditorio del Sanatorio Durango, calle Durango No. 290, noveno piso, Colonia Roma, México, D. F. Entrada libre.

viernes, 10 de octubre de 2014

La residencia (XXII): El telescopio


El telescopio abrió sus grandes ojos grises y enfocó el espacio inconmensurable. Un diminuto punto centelleó a la distancia, quizá alcanzado por la luz de un sol desconocido. Lo vio moverse borrosamente, iniciar un crecimiento desesperado. Pero la imagen proyectada sobre sus retinas tenía forma y magnitud desconocidas, era una masa amorfa. Sus belfos bufaron; una capa de vaho espeso alcanzó su frente, empañando sus cristales.
—¡Chingada madre! —apretó los párpados, parpadeo diez veces, puncionó desesperadamente sus sienes, pero no conseguía corregir el enfoque.
—¿Qué dijo, doctor? —estalló a una voz.
Los ojos del telescopio se retrajeron dentro de sus cuencas. Al abrirlos, se encontró frente al médico adscrito, que lo miraba con cara de pocos amigos.
—Si quiere, vuelvo mañana para que me presente a su paciente, doctor…
—Dísculpeme, doctor…
Y el telescopio abrió sus grandes ojos grises y enfocó el espacio inmensurable de la cama 1142.