lunes, 3 de diciembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Servicio social: (3) Aparición
Estabas ahí: menuda, enfundada en unos jeans sin marca, descuidamente
holgados, y un suéter a rayas claras y chillonas, que cubría la mitad de tus
muslos; tenis de tela, azules. Podías ser la hija de alguno o la hermana menor
de todos, pero difícilmente una médico pasante. Tu silencio llamaba la
atención. Cuando oí tu voz por primera vez, la acompañó una risa sencilla y
discreta; pero enseguida el silencio volvió a ser tu principal compañero. El
libro de cuentos de Gustavo Sanz se había humedecido en su danzar de una mano a
otra.
Esa noche,
en el albergue de La llave, dormí abrazado al silencio de tu nombre, escrito en mi
libreta de apuntes.
Imagen tomada de la red.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Para el día de muertos
"Calavera" (2002)
Dibujo al carbón (Ejercicio de principiante).
Taller de Dibujo de la figura humana
Xalapa, Veracruz.
martes, 30 de octubre de 2012
Lepidoteca sexxualis
-Mariposa-
oleo sobre tela 100 x 80
Laura Mendoza
Comenzó como un inocente aficionado a la lepidopterología y construyó para todas sus coloridas e inquietas amiguitas, su lepidoteca. Attacus Atlas, Graellia Isabella, Copiopteryx Semiramis, Morpho Polyphemus luna. Habían sido nombres habituales en su precoz afición.
En su negocio para adultos, Lepidoteca sexxualis, ¿porqué no?, el coleccionista ofrecía mariposas exoticas con una pleyade de nombres mas facilmente recordables: Ayelen, Crystal, Melanie, Ruby, Azul, Yamilé, Vannesa, Devorah, y Zulema.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Un hombre sensible
La miraba sin que
ella se percatara; fingía ver los rulos morochos de su pelo, pero me detenía en
los signos de su partida. Ella sonreía y me tomaba de la barbilla y me decía lo
feliz que era. Mentía, tal vez, no se daba cuenta que a su sonrisa no le acompañaba
ese relajamiento que se abre de par en par, en el entrecejo, cuando hay
satisfacción. Observaba el punto de tensión y movía mentalmente mi cabeza.
Las últimas veces, al despedirnos, notaba su urgencia por darme las buenas
noches, y ésta, aunque se oculte, un hombre sensible la percibe.
Hubo momentos de gran alegría. Cosas pequeñas, como el hecho de tener su
mano entre mi mano. Mi mano siempre la resguardaba, como las veces en que la
conducía entre las grandes avenidas, donde la muchedumbre se arrebata para
cruzar la esquina y ella caminaba o se detenía a la sutil orden de mi palma.
Recordé la luz de su mirada cuando ésta respondía a mi sonrisa. Después dejó
de emitir destellos. ¿Ella sabría lo que dirían sus ojos? Nunca lo sabré,
aunque tal vez, lo supo. Sin embargo, no le di tiempo de decírmelo.
Muy en la mañana, la neblina dormía en el piso y sobre los cerros
formaba grandes anacondas. La reconocí por su forma de caminar: en una mano
traía su equipaje; y la otra, subía y bajaba con desorden, como lo hace una
mariposa que tiene el ala rota. ¿Se iba de viaje? ¿Escapaba cuando ayer,
todavía, me rodeaba con sus brazos? La seguí sin que me viera, sin que me
oliera. Me deje ver poco antes de que el tren silbara, anunciando que sólo
estaría diez minutos.
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