martes, 30 de noviembre de 2010

Decáloco (Locuras II)

—Hermano: No utilizarás tu locura en vano. Desquiciarás las fiestas. No te apoderarás de las psicosis ajenas. No fornicarás a lo loco. No desearás la alienación de tu prójimo. No manifestarás falsas neurosis y te mantendrás cuerdo los domingos.
—Pero, te faltan tres más.
—¿Más? ¿Estás loco?

No estar en un laberinto


—... a veces siento que no estoy aquí…
El terapeuta levanta la vista del cuadernillo de notas y comprueba que, efectivamente, el sillón vacío. Entre sorprendido, asustado y divertido pregunta a la secretaria por teléfono si vio salir a alguien del consultorio. La joven, que no lo vio llegar, se asoma al despacho sólo para comprobar que, como ella creía, no hay nadie allí. Consecuente como la madre que un día será, sonríe.
—¿Otra vez con sus bromas, doctor? —Ante el ruido de voces en la sala, agrega―: Creo que ya llegó su paciente, voy a ver.
Cierra la puerta y sale.
Desde su sitio al lado del sillón, el psiquiatra vuelve a sus notas.
—…decía, ¿qué, señora?…
—..que a veces siento que no soy yo…
—Sí, siempre es complicado no ser nadie —dice al vacío que lo rodea en aquella oscuridad absoluta en la que lleva tiempo perdido.

Imagen tomada de la red.

lunes, 29 de noviembre de 2010

En lo alto


Cae la noche sobre Teotihuacán.
En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas.
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?*

*Octavio Paz, HIMNO ENTRE RUINAS, Libertad bajo palabra.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Despedida


Estaba sentado en la montaña, sus ojos se bañaban en la corriente del Amazonas. Después fue salmón remontando los rápidos. El sol parecía un coágulo y el cielo mezcló naranjas y violetas. Él volaba sobre la tierra, el mar y los arrecifes.
—Hoy amaneció con una cara de dulzura, observó el enfermero.
—Así son estos pacientes furiosos, poco antes de morir cambian —contestó el psiquiatra.


Imagen tomada de la red.

Retorno (Locuras I)


Con los ojos llenos de inquietud se acerca a la reja del campo psiquiátrico. A través de sus barrotes: la imagen de rostros inexpresivos o de una tristeza profunda, alguna cabeza al rape, el ruido de pasos agitados o alguien vociferando al vacío; le transforman la inquietud en puritita angustia.
Su psiquiatra le había anunciado que pronto volvería con ellos y una brizna de paz que atesoraba se esfumó detonando un ansia de rebeldía.

Hablaría con él, le rogaría; le demostraría lo equivocado de su diagnóstico. Haría cualquier cosa para no volver a la maldita calle.


Imagen tomada de la red.