viernes, 25 de enero de 2019

Amantes


Fotografía Oscar Mtz. Molina. Cervecería Hércules, Querétaro 2018



Ha sido una tarde de perros con la lluvia cayendo a cantaros. Mi padre nos había ordenado mover el ganado.

-Los pastizales de bajuras, están inundados, había dicho.
-Qué chinga llevarlos al otro rancho, pensé para mis adentros

Cabalgamos por casi cinco horas. Primero fue la tarea de juntarlos. Contar y volver a contar. Después, ya todo el hato completo, la tarea de conducirlos. Una vaca y su becerro que se desperdigan, después una novillona rejega, un torete mañoso y así a cada tanto. La espera bajo la humedad y el calor. Retomar el camino una y otra vez ¡Gritos y sombrerazos! Azuzarlos con sogas y reatas. Los ladridos de nuestros perros, los mordiscos en las patas del ganado. Las coces y los amagues de embistes. Cabalgar con la cintura rotada o con media pierna en la montura y el otro pie enganchado en el estribo o con el culo de lado para no perder de vista la larga peregrinación. El calor y los bochornos. Las nubes de mosquitos, moscas, tábanos.

¡Sin duda llueve! Y llovió por supuesto.

Empapado de los pies a la cabeza. La bestia, la montura, las botas, el culo, el alma.
Volví solo. Mis ojos inundados en lágrimas.

-Ha sido una tarde de perros, fue lo primero que se me ocurrió decirle al volver a casa y verla.
No me esperaba por supuesto. Había sido una dura joda la faena. La vi a los ojos y sabía que la traición era cierta.

-Tu padre había dicho que pasarías allá la noche, dijo temerosa.

No contesté nada. Bajé del caballo. Escurríamos agua. La bestia se sacudió una vez librada de mi peso. Resoplo. Un temblor recorrió mi cuerpo.
Detrás de ella mi padre salió al encuentro. En la mano derecha el pote de peltre con café caliente, humeando en aquella noche húmeda. Envalentonado como pocas veces le había visto.
Vio mis ojos humedecidos, mi mirada fija.

No hagas pendejadas, dijo. -ésta no vale la pena, añadió señalando con un gesto a mi mujer y llevándose después el pote de café a la boca.

Saqué la Pistola. Soy bueno con ella. Muy bueno.

Entonces usted decida, le grité desesperado, pero a la vez seguro de lo que estaba pensando.
-¿Usted o ella? Dije.

Eran las once y media de aquella noche, cuando llegué a mi casa. Había sido una tarde de perros.

Los dos estaban solos. Ella muy asustada y el, muy echado para adelante.
-Usted decida. había yo dicho.

Hice un sólo disparo que pegó donde yo había apuntado.

Después me remonté de nuevo al rancho. Con la bestia agotada y ambos muy empapados por la lluvia que seguía y seguía. En mi mente, el tintineo del pote de peltre rebotando en el piso.


© 2014 By Oscar Mtz. Molina

lunes, 14 de enero de 2019

Ensayo sobre la moral


Autorretrato con cerveza. CdMx Enero 2019


En principio me referiré a una anécdota.

Hace algunos años y hallándome al frente de la jefatura de servicio, recibí una extraña llamada telefónica. Se trataba de un proveedor de instrumental quirúrgico especializado. La conversación transcurrió más o menos de la siguiente manera.

-Muy buen día doctor, me permito distraerlo de sus actividades para solicitar su ayuda. Yo, respondí el saludo y le pedí me hiciera saber de qué asunto se trataba.

“El fin de semana previó se había llevado a cabo el congreso de la sociedad, uno de los médicos adscritos a mi servicio había acudido y durante el evento, visitó el stand de la empresa, uno de los vendedores lo había abordado y en el afán de mostrar los avances tecnológicos ofreció unas sofisticadas pinzas quirúrgicas. El médico intrigado y por supuesto conocedor de la calidad y sobre todo de los altos costos que, las pinzas tenían en el mercado, preguntó por el precio. Doctor, me dijo en este momento el proveedor, mi vendedor erróneamente le dio un costo de mil quinientos pesos, cuando el costo real es de doce mil pesos, por cada pinza agregó. En fin, siguió diciendo, que el doctor regresó después con dinero en efectivo y se llevó tres pinzas por cuatro mil quinientos pesos. Algo así como al doce o catorce por ciento del costo de mercado. Mi petición concreta a usted doctor, es que le haga saber al doctor del error del vendedor, del embrollo en el que éste trabajador se encuentra en este momento ya que, tendrá que ser él, el que pague la diferencia. Hágale saber que, en el mejor afán de resolver este asunto, como representante de la empresa me comprometo a venderle las pinzas al doctor, totalmente al costo”
Nos despedimos y en seguida le pedí al médico que se presentara en mi oficina. Hice de su conocimiento los pormenores de la llamada por teléfono, apelé con total discreción a que él sabía el precio real de las pinzas, así como a la situación en la que se hallaba el vendedor, y por supuesto terminé haciéndole ver la oferta formal del representante de la empresa.
Silencio total y absoluto durante algunos segundos y después su respuesta que, resume magistralmente, toda la historia de la moral por la que ha ido evolucionando el hombre.

-¡Que se chinguen por pendejos! Exclamó y se dio media vuelta.

Y con esta respuesta doy por terminada la anécdota y doy el siguiente paso para poner a su consideración: Un ensayo sobre la moral, o lo que es lo mismo… ¡Que se chinguen por pendejos!

Algunas acotaciones necesarias

Por moral entendemos el conjunto de normas y reglas de acción destinadas a regular las relaciones de los individuos en una comunidad social dada, o, como disciplina que trata de la valoración de los actos humanos dentro de una sociedad. Partiendo de esa definición de moral, el significado, función y validez de esas relaciones, se ven obligadas a variar históricamente en las diferentes sociedades, del mismo modo que unas sociedades suceden a otras, dado el carácter cambiante de la misma vida del hombre. Con todo esto se puede decir que la moral cambia a través de los tiempos, o, dicho de otra manera, que tenemos diferentes tipos de moral según el momento histórico en que nos encontremos. En este punto tomo un extracto del monologo de Gila, comediante español.

“La guerra tiene sus cosas malas y sus cosas buenas, tiene un peligro pero tiene sus ventajas porque, te hinchas a matar y la policía no dice esta boca es mía…un día maté treinta y tantos y al pasar la policía dije. –He sido yo y qué. ¡No, nada!, respondió la policía, Usted perdone.”

Así pues, la moral es en definitiva un hecho histórico, y por tanto, la ética, como ciencia de la moral, no puede concebirla como algo dado de una vez y para siempre, sino que tiene que considerarla como un aspecto de la realidad humana que cambia con el tiempo; y como tal, la moral se caracteriza por estar haciéndose constantemente, produciéndose de una manera continua a través del tiempo.
Por otro lado, la moral surge cuando el hombre deja atrás su naturaleza puramente instintiva y forma parte de una colectividad, cuando deja su andar solitario y empieza a ser parte de una sociedad, cuando comienza a tener conciencia de relación con otros individuos y se crea la necesidad de ajustar comportamientos de tal manera que, se van determinando acciones beneficiosas o buenas para fortalecer al colectivo, y acciones malas o perniciosas que debilitan dicha unión. En este sentido en lugar de hablar de una moral del individuo hablamos de una moral de grupo, son tiempos en los que el sentido fundamental de la tribu es el de cuidado y sobrevivencia. (Tomado de Internet Solís Álvaro Lely CURSO: Ética Profesional)

Mis bases para este ensayo, considerando que mi pretensión es la de mostrar tan sólo, tres momentos históricos:
Moral a Nicómaco (Aristóteles) Biblioteca filosófica. Obras de Aristóteles, puestas en lengua castellana por d. Patricio de Azcárate. La Biblia. Traducción Española dirigida por el P. Félix Puzo, y La Genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza editorial, Madrid.

Moral a Nicómaco

Aristóteles nació el primer año de la Olimpiada XCIX (384 antes de J. C.) Nicómaco fue su padre, médico de aquella época y el tratado, Moral a Nicómaco, es una especie de dialogo con el que acostumbra abordar sus temas, método por cierto muy común entre los filósofos griegos, quienes armaban este tipo de diálogos, con interlocutores imaginarios. En este caso, Aristóteles y Nicómaco, su padre, quien en tiempos del tratado, estaba muerto. Para Aristóteles, la moral del hombre está totalmente enfocada al bien, 1) el bien es el fin de todas las acciones del hombre.  Todas las artes, todas las indagaciones metódicas del espíritu, lo mismo que todos nuestros actos y todas nuestras determinaciones morales, tienen al parecer siempre por mira algún bien que deseamos conseguir; y por esta razón ha sido exactamente definido el bien, cuando se ha dicho, que es el objeto de todas nuestras aspiraciones. 2) el fin supremo del hombre es la felicidad. Lo mismo el vulgo, como las personas ilustradas, llaman a este bien supremo, felicidad y, según esta opinión común, vivir bien, obrar bien es sinónimo de ser dichoso. Y en este punto el primer quiebre que nos viene desde aquellos tiempos, qué es ser dichoso o feliz para unos y otros, qué del actuar moral o ético del hombre puede ser considerado bueno o malo, si su objetivo de felicidad o dicha se cumple. En Moral a Nicómaco continua el filósofo: Pero en lo que se dividen las opiniones es sobre la naturaleza y la esencia de la felicidad, y en este punto el vulgo está muy lejos de estar de acuerdo con los sabios. Unos la colocan en las cosas visibles y que resaltan a los ojos, como el placer, la riqueza, los honores; mientras que otros la colocan en otra parte. Visto en este concepto filosófico, la moral se va relacionando con el bien y este bien, con la dicha. Así mismo adopta un aire intelectual al enmarcarse dentro de la felicidad del alma, y un carácter terrenal como la felicidad externa y la felicidad individual. En este momento un elemento más que se agrega en el tratado de Aristóteles, 3) Imperfección inevitable. Conforme a este razonamiento, es claro, que si quisiéramos seguir todas las mudanzas de la fortuna de un hombre, sucedería muchas veces que llamaríamos a un mismo individuo dichoso y desgraciado, haciendo del hombre dichoso una especie de camaleón y de una naturaleza medianamente mudable y pobre. ¡Pero qué!, ¿es prudente dar tanta importancia a los cambios de la fortuna de los hombres? No es en la fortuna donde se encuentran la felicidad o la desgracia, estando la vida humana expuesta a estas vicisitudes inevitables, como ya hemos dicho; sino que son los actos de virtud los únicos que deciden soberanamente de la felicidad, como son los actos contrarios los que deciden del estado contrario. ¿Por qué, pues, no hemos de declarar que el hombre dichoso es el que obra siempre según lo exige la virtud perfecta?  En cuanto a la virtud moral nace más particularmente del hábito y de las costumbres; y de la palabra misma hábito, mediante un ligero cambio, procede el nombre de moral que hoy tiene. Así, pues, las virtudes no existen en nosotros por la sola acción de la naturaleza, ni tampoco contra las leyes de la misma; sino que la naturaleza nos ha hecho susceptibles de ellas, y el hábito es el que las desenvuelve y las perfecciona en nosotros. He aquí cómo es preciso dedicarse escrupulosamente a practicar solamente actos de cierto género; porque las cualidades se forman según las diferencias mismas de estos actos y siguen su naturaleza. No es pues de poca importancia contraer desde la infancia y lo más pronto posible tales o cuales hábitos; por el contrario, es este un punto de muchísimo interés, o por mejor decir, es el todo. Para concluir, Moral de Nicómaco, de Aristóteles, apunta en el sentido de que, la enseñanza y el trabajo constante en el hábito y las costumbres del hombre, tendrán como efecto conseguir la virtud, o en sentido contrario el menoscabo de esta. Las virtudes sólo se conquistan mediante la constante repetición de actos de justicia, de templanza, Etc. Y yo agrego, particularmente, aquellas que uno va adquiriendo y haciendo suyas, desde la infancia.

La Biblia

Sin duda alguna la Biblia es el libro que mayor difusión ha tenido y desde luego el de mayor influencia en occidente, particularmente por la difusión universal de la religión Cristiana. En la Biblia me atrevo a reconocer, y siguiendo el concepto de la propia iglesia, tres momentos de inspiración divina para lograr la conjunción de muchos libros. El primer momento tiene que ver con la escritura de los Cuarenta y seis libros del viejo testamento y los veintisiete del Nuevo Testamento (Biblia Católica). Todos ellos escritos por el hombre, y en muy variadas épocas que, abarcan en general, 1600 años o dieciséis siglos. El segundo momento de inspiración se dio ya no entre quienes escribieron los textos, si no entre aquellos que se dieron a la tarea de reunirlos, traducirlos, estudiarlos y aceptarlos como de inspiración divina, en este sentido hago mención de que, El canon hebreo de 39 libros, en realidad fue establecido en el Consejo de Jamnia, posiblemente en el año 90 después de Cristo. Previo a este consejo, en el primer concilio de Jamnia en el 97 a.C. se establecieron las primeras bases del canon. Pese a este esfuerzo, algunos estudiosos consideran que en algunas comunidades Judías, este Canon no ha sido aceptado, aún en nuestros días. En el Concilio de Alejandría (siglo I a.C.) Los judíos que vivían en Alejandría enojados por la desacreditación de los escritos en griego, forma un segundo concilio que, añade a los 39 libros ya aprobados, los otros siete escritos que fueron excluidos por el primer concilio. Esta última revisión del concilio de Alejandría es oficializada más tarde por la iglesia Católica. En el Concilio de Cartago (año 397), San Jerónimo inició una traducción latina de la Biblia, completada en el año 405, llamada la Vulgata y considerada desde entonces la Biblia canónica u oficial de la Iglesia Católica. Esta edición tuvo los 73 libros que las Biblias cristianas tuvieron en los años siguientes hasta la actualidad, pero, alrededor del 1521, Martín Lutero decidió quitar los libros y los añadidos a los libros canónicos que se encuentran en la Septuaginta griega pero no en el texto hebreo, poniendo en un apéndice los 7 Deuterocanónicos del Antiguo Testamento, con el título de Apócrifos. 
El tercer momento de inspiración tiene que ver con la modernidad de nuestra época, La Biblia de Gutenberg, también conocida como la Biblia de 42 líneas o Biblia de Mazarino, es una edición de la Vulgata, impresa por Johannes Gutenberg en Maguncia, Alemania, en el siglo XV. La Biblia se considera el primer libro impreso a gran escala mediante el sistema de tipos móviles, fue su mayor trabajo y tiene el estatus de icono por simbolizar el comienzo de la «Edad de la Imprenta». A partir de este momento la divulgación de la Biblia se universaliza.
Una vez hechas las anotaciones anteriores, abordo el tema que nos ocupa en este ensayo sobre la moral.  Es en el Éxodo, el segundo libro del Viejo Testamento en el que, Dios, plasma en una alianza con Moisés, el decálogo de leyes por las que deberá regirse el pueblo de Israel, aunque finalmente será en el Deuteronomio cuando se formalice la promulgación. A continuación trascribo una sinapsis del decálogo.
Moisés convocó a todo Israel y les dijo: Escucha, Israel, los preceptos y las leyes que yo promulgo hoy en presencia de todos ustedes. Apréndanlos para ponerlos en práctica cuidadosamente.
1 No tendrás otros dioses delante de mí.
2 No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.
3 No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano.
4 Observa el día sábado para santificarlo, como el Señor, tu Dios, te lo ha ordenado. Durante seis días trabajarás y realizarás todas tus tareas, pero el séptimo día es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún otro de tus animales, ni tampoco el extranjero que reside en tus ciudades. Así podrán descansar tu esclavo y tu esclava, como lo haces tú. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor te hizo salir de allí con el poder de su mano y la fuerza de su brazo. Por eso el Señor, tu Dios, te manda celebrar el día sábado.
5 Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor, tu Dios, te lo ha mandado, para que tengas una larga vida y seas feliz en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.
6 No matarás.
7 No cometerás adulterio.
8 No robarás.
9 No darás falso testimonio contra tu prójimo.
10 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás su casa, su campo, su esclavo, su esclava, su buey, su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.
Mientras que los primero cuatro mandatos se refieren a la obediencia y a la adoración a Dios, los seis restantes tienen que ver total y absolutamente, con el comportamiento del hombre con el hombre, dentro de la sociedad. Dichas leyes o mandamientos, fueron abordados extensamente en el resto de los libros, en algunos casos, para ejemplificar las malas conductas. El robo, el asesinato, el incesto, las aberraciones sexuales, el martirio, la injusticia, a la par que las virtudes como el amor, la piedad, la caridad, la compasión, en una síntesis, el bien y el mal, y en un sentido amplio, toda la naturaleza humana buena o mala está volcada en la Biblia. En ella está plasmado el hombre y retomando un poco la moral Aristotélica, lo está en toda su Imperfección inevitable.     
Cerrar esta síntesis con el reconocimiento de que, la nación actual más beligerante, ha basado su doctrina justamente en la Biblia.

La genealogía de la moral

La idea fundamental de Nietzsche en su libro La genealogía de la moral, es la de polemizar en torno a los conceptos bueno y malo de la moral. En este sentido eleva a un terreno intelectual la razón fundamental del hombre visto desde un punto de vista moral o amoral, bueno y malo, y se pregunta ¿bueno o malo desde el punto de vista de quién? En los conceptos de Nietzsche, a diferencia de la moral filosófica de Aristóteles o de la moral Cristiana de la Biblia, en donde el hombre lleva a cabo actos buenos que lo llevan a la virtud, o actos malos que lo conducen a un castigo, lo que busca es analizar a quien o quienes tienen como fin, definir lo que es bueno y malo y no el acto en sí. Un poco complicado entender este análisis, pero incluso el autor, hace notar que su libro pudiera no ser entendido por la mayoría. El pathos originario. Frente al empirismo, Nietzsche considera que en el origen de los conceptos morales se encuentra el denominado pathos de la nobleza y de la distancia, la valoración que «los buenos» hacen de ellos mismos, a saber, como hombres superiores frente a todo lo bajo, lo abyecto, lo vulgar y plebeyo. Así, pues, el lenguaje, al distinguir entre «bueno» y «malo», habría sido el soporte de quienes detentan el poder —«una exteriorización del poder de los que dominan» esto nos lleva un poco a considerar que lo bueno o malo en el actuar del hombre, no depende de las consecuencias que puedan traer al propio hombre, si no a la valoración que de estos hagan los que detentan el poder.  Las palabras bueno y malo transparentan las razones por las que los nobles se sentían hombres de rango superior en virtud de los siguientes criterios de comparación: a) superioridad de poder; b) riqueza y propiedades o c) veracidad de su carácter. Lo bueno para la casta sacerdotal: la falta de salud de la distinción entre «puro» e «impuro». La metafísica corruptora, hostil a los sentidos, la auto-hipnosis del brahmán. La transvaloración de los valores aristocráticos. Los sacerdotes como «los enemigos más malvados» y «los máximos odiadores de la historia universal». La transvaloración de los valores nobles y la promesa de bienaventuranza para los miserables, pobres, impotentes y bajos.  Las operaciones que conducen a fabricar ideales. La transformación de la debilidad en mérito, de la bajeza en humildad, de la impotencia en bondad y de la sumisión en obediencia. Los débiles quieren llegar a ser también ellos fuertes, pero sin que medie esfuerzo y trabajo alguno por su parte, sino recurriendo a la suplantación del fuerte, a su des-valoración.
El filósofo confronta la filosofía Inglesa vigente en su época y la religión cristiana al considerar que, el futuro del hombre, en cuanto a los conceptos morales de bien y mal, deben situarse en un ámbito de percepción desde el punto de vista de la valoración que de su acto, haga. Sentido y valor del ideal ascético: el hombre del futuro debe aprender a sostenerse sobre un vacío de sentido, esto es, a reconocer la relatividad de toda interpretación, de toda máscara con la que nos enfrentamos a lo que nos ocurre. Y de nueva cuenta volviendo a los principios de Aristóteles, Nietzsche considera que, independientemente, de la naturaleza de los actos del hombre, bien y mal, siempre serán valorados e interpretados acordes a la voluntad de otros, considerados por sí mismos, como superiores.

Conclusiones en el México actual:

El ensayo comenzó con una anécdota y la concluiré con algunas ideas sobre la actualidad del México de estos días. La corrupción como el conjunto de acciones inmorales o amorales del hombre, como ente individual y de la sociedad como ente colectivo. En el análisis que me permití hacer de estas tres fuentes, Moral a Nicómaco de Aristóteles, la Biblia de inspiración divina y La Genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche, abordé a la vez, tres momentos históricos de la moral, en el devenir de la humanidad, muchos siglos por cierto. La percepción final es que, desde que el hombre decidió, por sobrevivencia, formar colectivos, la moral no ha cambiado un ápice en relación a sus actos buenos y malos. Las leyes, propuestas por el hombre y avaladas por Dios, han tratado de acotar los malos actos, y enaltecer los buenos, sin embargo en esta larga historia de encuentros y desencuentros al día de hoy las cosas, en cuanto a moral se refieren, siguen exactamente iguales. ¿Qué hace que un hombre aparentemente de bien, se sume a la rapiña como la que vimos ayer con el tráiler que transportaba ganado? ¿Por qué participa toda una familia y más aún, toda una comunidad entera, en actos deliberadamente ilegales como el huachicol? ¿Qué mueve a un profesionista preparado a cometer actos de corrupción? El sinsentido de los actos inmersos en la moral pertenecen al hombre, y no habrá decreto que pueda revertir esta condición. El hombre bueno no existe, el hombre irá cambiando de acuerdo a los tiempos y a las circunstancias. Las acciones buenas y malas seguirán manifestándose en la humanidad, por los siglos de los siglos.


Ciudad de México.
© 2019 By Oscar Mtz. Molina         

viernes, 28 de diciembre de 2018

Cena familiar de Navidad


Autorretrato, Altamira, dic. 2018

Los tiempos van cambiando y con ellos las costumbres, así pues, para la cena familiar de navidad recibimos formal invitación por parte de la tía Pepa, -hermana menor de mi padre. La tarjeta específicamente mencionaba la hora de recepción, nueve y treinta de la noche, y que también, la cena sería servida a las once y veinte. Y se describía el menú de cinco tiempos.

Primer tiempo, entrantes calientes, a escoger: gambas al ajillo o almejas a la marinera

Segundo tiempo, crema de calabacín orgánico con pistachos.

Tercer tiempo, arroz con bogavante y salsa de almendras.

Cuarto tiempo, plato fuerte, a escoger: paletilla de cordero al horno, con patatas panaderas o lenguado meunière dorado al horno con patatas.

Quinto tiempo, postre, a escoger: tarta de turrón espolvoreado con semillas de Chía o panettone casero.

Se servirá vino de ocasión para maridaje según tiempo de menú.

-Dónde chingadamente se ha visto tanta deferencia en una cena de familia, le dije a mi mujer, mientras a regañadientes me ponía el traje gris que tanto odio. La tía Pepa, en corto, nos había pedido ir de traje oscuro a los parientes varones y de preferencia, así lo dijo, las mujeres de vestido negro.

-¿Y quiénes vamos? Abrí mi bocota preguntando.

 Tus hermanos, los hijos del tío Manuel, los de la tía Mary y los de la tía Diana. De los demás ninguno.

Seguro por jodidos y desmadrosos, pensé entre mí.

¡Llegamos con la puntualidad de un inglés!

Y justo a las nueve y veintinueve minutos, levanté mi puño y suavemente con los nudillos de los dedos, índice y medio, toque la puerta.

Personalmente salió a recibirnos la tía Pepa. Saludó primero a mi papá, su hermano, y así se siguió con mi madre y mis hermanos. Nos habíamos puesto de acuerdo para llegar juntos.

Enseguida la seriedad de la tía señalando la sala.

-Manuel y su familia están aquí desde las siete y media, les dijo a mis padres.

-Que no leyeron la invitación, agregó.

En cuanto entramos la sonrisa de tío Manuel.

-Ya no aguanto las nalgas, hermano, de tanto estar sentado y la cabeza, con esa música pendeja, le dijo a mi papá, pero a modo de que escucháramos todos.

Es clásica, respondió papá.

-Pero dónde quedaron aquellos sonidos de chico che, la Santanera, Mike laure.

Algarabía a medio pelo en lo que nos fuimos saludando.

Conociendo a la tía Pepa, a las nueve con treinta y siete minutos estábamos ya todos los invitados. Toda la familia. Bueno excepto las familias que no fueron requeridas.

Nos ofreció primero agua fresca y no les miento, una pequeña copa de vino blanco dulce. Después de nuevo agua fresca. Allí fue que uno de los primos, deplanamente preguntó.

-¿puede ser una cuba tía?

Y allí también, fue la primera vez que a la tía Pepa, por poco se le caen los calzones.

-Podemos ofrecer un güisqui o una ginebra, dijo la tía. Sin dar respuesta a lo de la cuba.

Y de nuevo otra prima. -Para mi está bien güisqui con coca de dieta. Segunda vez de la tía y caída de calzones.

A las diez y quince minutos llegó la prima Violeta, hija de tía Pepa, y su galán, motivo de toda esta parafernalia de cena familiar Navideña.

Uno por uno, presentándonos

-El tío Antonio, refiriéndose a mi papá, hermano mayor de mamá, decía Violeta. Y enseguida -el señor licenciado y diputado federal de la República, por el estado libre y soberano de Puebla, Virgilio Eugenio Estrada Quintana. Y casi en un susurro, agregaba, mi novio.

Cuando terminó de presentar al novio ya casi era hora de la cena.

Virgilio Eugenio, el novio, era un viejo que, seguro, rondaba los setenta, olía a loción fuerte, brut o algo así, tenía la mirada medio perdida y a leguas, el buqué de varios tragos dentro.

-¿esto es el novio? Me dijo mi mujer muy discreta.

Así se le dice ahora, respondí.

Todos los que estábamos allí seguramente con las mismas dos preguntas. Qué sigue ahora y, qué chingados hago aquí.

Para la cena, Violeta había relevado a tía Pepa en el papel de anfitriona y lo primero que ordenó fue la manera en que seríamos sentados a la mesa.

Tío Antonio allí, tío Manuel allá, tía Mary acullá y así con cada uno de nosotros. Cuando por fin estuvimos todos sentados a la mesa, eran ya las once de la noche y veinte minutos, tal y como decía en la invitación que sería la hora de servir la cena.

-Señor licenciado usted a la cabeza de la mesa dijo la prima. Y de inmediato corrigió. Perdón tu aquí mi amor, y yo a tu lado. Y ante tal situación todos reímos con soltura. De hecho, ese momento fue el único en que todos reímos con soltura.

La tía Diana propuso un brindis.

-Antonio, le dijo la tía a mi papá, te toca el brindis, como mayor en la mesa. Por la familia, hermano.

Al final, el brindis lo ofreció el señor licenciado y diputado federal de la República, por el estado libre y soberano de Puebla, Virgilio Eugenio Estrada Quintana porque, en una pequeña ecuación de sumas y restas, resultó mayor que mi padre. El angelito tenía la friolera de setenta y seis años. Y seguramente todos hicimos cuentas mentales porque a cual más apuró un trago de agua. Mi mujer, sentada justo al extremo opuesto mío y esta vez indiscreta, abrió desmesuradamente los ojos.

El brindis fue una larga perorata sobre la familia, los valores, la tradición, el cristianismo y aquí, el primo Virgilio, aprovechó también y enlazó una breve introducción a la nueva República y a las bondades de ella.

Levantó su copa y antes de que, a alguno de nosotros se le ocurriera algún aplauso, se escuchó la voz de mi padre.

-¡Salud!

Y salud, dijimos todos.

Lo de la cena fue memorable.

Para empezar ya teníamos un mesero.

-De primer tiempo ¿gambas al ajillo o almejas a la marinera?

Y por allí el murmullo ¿gambas? Ah camarones. Si camarones.

Almejas

Almejas

Camarones

El primer plato y aunque estaba en plural, resultó ser un camarón o una almeja, nada más.

El segundo plato fue la crema de calabacín y enseguida el arroz con bogavante. Al menos en mi plato de arroz, el bogavante puso pies en polvorosa. Nunca lo vi.

Los calzones de la tía Pepa volvieron a verse amenazados de nueva cuenta, con el plato fuerte.

Todos nos íbamos inclinando por la paletilla de cordero. Bien fuera porque no teníamos una idea clara del sabor, o porque no pudiéramos pronunciar lo impronunciable el lenguado meunière fue quedándose relegado.

Lo del postre lo tuvimos también enredado y entre la tarta de turrón espolvoreado con semillas de Chía o panettone casero. Todos nos fuimos por el dulce que tenía Chía, y a cual más pidió, dulce de chía.

La cena familiar de navidad duró, quitando el brindis, treinta y ocho minutos y dieciséis segundos, según yo. Y treinta y siete minutos y cuarenta segundos, según Lau, mi mujer. Tampoco quiero ser tan preciso.

Enseguida todos pasamos a despedirnos. El señor licenciado y diputado federal de la República, por el estado libre y soberano de Puebla, Virgilio Eugenio Estrada Quintana, el único que, durante la cena se reventó cinco cubas al hilo, según yo, y siete según mi mujer (Yo sigo alegando que no consideré las que se tomó al llegar) terminó bien pedo, embrocado sobre la mesa.

-Está tan cansadito el pobre, justificó tía Pepa. Toda la responsabilidad que carga sobre los hombros, agregó.

A las doce con siete minutos nos hallábamos todos en la calle.

-Yo tengo hambre dijo el tío Manuel y de inmediato todos al unísono, haciendo segunda.

Una opción son los tacos de doña Rosa, nunca cierra, la otra caerle al tío Jesús, uno de los no requeridos.

Cabeza de res horneada, tamales colados, pavo relleno, tragos, cervezas, ponche con ron o tequila, cubas como dios manda y mistela de curtidos como el niño dios recomienda.

-Chingona música hermano, dice tío Manuel a tío Jesús. Mientras se contonea con su mujer al mismo tiempo que cantan -de quen chon, esos ojos que miran bonito…

A que tu tía Pepa y tu prima Violeta, me dice el tío Jesús, así que ese cabrón es el novio, ni la burla perdonan, sólo se la anda comiendo.

Y Lau con los ojos que casi se le chispan, y sus precisiones

-por eso no lo invitaron, por pelado. Clarito oí que tu tío dijo, se la anda comiendo.

No mujer cómo crees, lo que tío Jesús dijo, es que, al licenciado y diputado federal de la República, por el estado libre y soberano de Puebla, Virgilio Eugenio Estrada Quintana, lo dejamos en casa de Violeta y la tía Pepa, comiendo.

 

©2018 by Oscar Mtz. Molina

viernes, 21 de diciembre de 2018

Santa Claus, de noche buena


Fotografía tomada de Internet. The dirthiest Santa´s



Bajé los escalones que me separaban de la banqueta y sin prisa, tomé el bolso de lona, echándomelo al hombro. Caminé por aquella solitaria callejuela, soportando el viento helado que, a esas altas horas de la noche, calaba hondo.
La necesidad me había hecho aceptar la tarea. Tenía que ir vestido de Santa Claus, así iba, y debía llevar en el enorme bolso de lona, los juguetes que me entregaron. Así estaba todo, bolso y regalos.
El tren me dejó en la estación y ahora caminaba al caserío. Seis casas en total, perfectamente identificadas, así lo estaban también los regalos en la bolsa.
Casa uno, farol amarillo, tres niños, regalos amarillos. Casa dos, farol azul, dos niñas, regalos azules, y así el resto.
La regla era deslizarse por la ventana, que estaría abierta, una vez dentro de la casa, emitir desde el fondo del pecho, dos o tres risas santaclosteñas ¡Jo jo jo! dejarse entrever fugazmente y enseguida, una vez colocados los regalos a pie de árbol, poner pies en polvorosa.
-yo te voy a pedir nada más un beso Santa. Y allí, en aquella habitación estaba ella.
¿Y los niños?  Pregunté con toda inocencia…
A las diez y media de la mañana dejé al fin, la última casa. De los regalos, ni uno sólo fuera del bolso. Seis casas, seis ventanas abiertas, seis fantasmas a la espera, seis angustias mitigadas.
Una vez llegar a casa con el alma hecha trizas, el cuerpo sacrificado y el corazón estrujado, la voz de mi mujer.
-Cariño otro milagro, ahora te quieren allá mismo, la noche del cinco de enero, de rey mago.

©2018 by Oscar Mtz. Molina

lunes, 10 de diciembre de 2018

Navidad en Salto de agua


Fotografía de Salto de agua, 2014, de Oscar Mtz. Molina



Navidad en Salto de agua

I
Abrí los ojos justo cuando el tren bajó su velocidad. El silbato anunciaba que, en breve, se detendría. Tenosique a las seis o seis y media de la mañana. El chirrido de las llantas de metal, frenando. El penetrante olor a fierro y grasa, a fierro y mugre, a fierro y herrumbre. Los aislados gritos anunciando comida. Empanadas, café, pan, tacos de arroz y de huevo. La modorra apoderada de mí. Aún faltaban tres o cuatro horas para llegar a Salto de agua. Compré cuatro empanadas y un café. Regresé a mi asiento y dispuse en un santiamén de aquella comida. Suspiré pensando en la novia que esperaba por mí. En dos o tres tragos apuré el café. Mi lejanía del pueblo. Las tardes de soledad y hastío. La vida dando dolores de cabeza. Ocho meses fuera. Ocho largos meses fuera. Dormité en el trayecto. Alrededor de las diez de la mañana el tren cruzaba el puente del río Tulijá, algunos minutos después, descendí en la solitaria estación.
Diciembre y la pasmosa sensación de que todo está bien, de que todo está bendecido y que no hay nada que pueda hacer mal. Las casas y sus arreglos navideños, árboles cuajados de adornos. Nacimientos y pesebres. Olores y sabores a ponche y dulces, a pastel de frutos secos. A pavo horneado y a cerdo y a sándwiches salteños. Pan Wonder, pollo, mayonesa hecha en casa. El trago de güisqui que me ofrece mi hermano. El baño inmediato y el meticuloso arreglo, vestido de pantalones de mezclilla, camisa de algodón.
-¿A dónde con tanta prisa, hijo? La vocecita de mi madre.
A darle la sorpresa a la novia. Nunca le dije que vendría este año. Mamacita.
-Coño hijo ni duda cabe que pa’ pendejo no se estudia. Respondió mi mamá.
-La Carmenza, tu novia, se escapó a los dos meses de tu ausencia. Ahorita anda ya esperando cría. Agregó mi mamá.
Así es este asunto de las ausencias y las sorpresas, de los viajes en tren y las fiestas de diciembre, de los sándwiches salteños y los ponches, de los desvelos y los tacos de caviloso, y en particular así son los recuerdos y las nostalgias por el pueblo.

II
-Duerme tranquilo hijo, dice ahora mi mamá, (treinta o cuarenta años después de aquella mi tragedia) me encontré a la Carmenza hijo, bien jodida, enferma y muy vieja.
Hay mamacita, sólo lo dice usted para darme ánimos. Así son todas las madres.
-No hijo, bien que te lo digo ahora, esa no valía la pena.
Agacho la cabeza mientras le doy otra chupada al cigarro.
Y entonces mamacita, dígame usted cómo chingados le hago para dejar de sentir este dolor que, tengo atravesado en el pecho, desde aquel año y desde aquel día.


©2018 by Oscar Mtz. Molina