Es redondo y de barro, de cuello angosto, con aplicaciones de cuerda y ocupa un lugar a la entrada de casa. No brilla, acaso recordando su origen y lugares en que ha reposado. Su presencia pasa desapercibida algunas veces por la gente que pasa de largo o nos visita.Es un pequeño jarrón de alfarería barata. Una tarde llegó en unos brazos femeninos que lo rescataron de un montón de basura; sus amorosas manos lo asearon y le posaron en ese lugar.
Alguien, muy bien enterado, me dijo: que las manos que lo crearon, buscan afanosas estas otras, para mandarles caricias y bendiciones.

