sábado, 15 de abril de 2017

Desmemoria de viernes Santo

Fotografía de Dany Mtz. Mendoza, Coyoacán México, abril 13, 2017


Ni muy alto ni muy bajo. De mediana estatura.
Delgado y de caminar erguido.
Cara afilada y al final de la punta del mentón, una barba de candado.
Manos delgadas y dedos con una simetría indiscutible.
Ojos grandes cafés claros simulando discretos tonos de verde.
Nariz grande. Recta. Resoplando verdades del pasado y el futuro.
Cabello negro y abundante, de escasas canas alboreando el atardecer de la vida.
Menuda descripción del todo y de la nada que soy en el transcurrir del tiempo. El entrecejo fruncido, eternamente serio, eternamente arrugado ¡Surcos profundos!
El aleteo de mis manos. Jamás la quietud en ellas, jamás el silencio en mi cabeza. El parloteo entre sueños, el delirio. La sinrazón de mi locura. La sinrazón de saberme asido a la memoria.  
El cuento eterno dando vueltas y vueltas en mi cabeza. Hilvanando historias.
Presagiando
Escribiendo
Andando
Desandando
Naturaleza de saberme ajeno. Pulsando cuerdas de una guitarra imaginaria. De un arpa encantada. Sonidos de marimba de maderas de Chiapas.
¡Sones interminables de madrugada!
Callejón sin salida, la memoria.

La memoria de un sólo hombre, de un sólo sueño, de una sola vida, basta para llenar un cuaderno, o diez, o veinte, o un centenar de ellos.
La memoria enredada en un paseo desde el vientre de mi madre, en las húmedas y frías tierras de Yajalón, hasta mi caminar a paso lento en la urbe de hierro, cristales y concreto que es la ciudad de México. Pasando por Mérida, por Salto de agua, por Pamplona, por el océano Atlántico. Por Madrid, y el cielo de Barcelona. Paris, Nueva york, Chicago, San Francisco. Chihuahua. Londres. el tango en Buenos Aires. El resto del mundo. Y el resto de cada rincón de México.
La memoria de una eterna taza de café en el cerebro. Despertar y sentir el aroma, saborearlo desde las entrañas del alma, si es que el alma tiene entrañas, y si no las tiene, habrá que inventarlas. El café desde que Dios amanece y el diablo se retuerce entre las llamas ¡gélidas! no calientes.
Un libro, diez, cien, varios cientos. Proust, Rulfo, Dostoievski, Chejov, Kafka. Un siglo brincando a otro. Imágenes en mi óptica. Fotografías de un desnudo, de dos, de diez, de un centenar enredado en el corazón de la cámara minolta, kodak, nikon.
Un beso, sólo uno.
Encadenado beso de mujer, traspasado de labio a labio. La sonrisa al final enarcando rostros pálidos, morenos, rubios, blancos. Piowachowe, María, Silvia, Laura.
¡Mujer de sonrisa velada!
Desmemoria del viernes santo.
A la hora nona Jesús, hecho hombre, alzó la vista al cielo clamando por el abandono de Dios Padre. Inclinó después la cabeza dejándola caer de lado, cerró los ojos. Para los hombres, el Cristo había concluido su andar por la tierra ¡fracasado! La palabra del hombre, cual semillas de trigo, habían caído en tierra árida. A la hora nona, novena de nuestros días, partiendo la primera al abrir los ojos el sol a las seis de la mañana, se cumplían alrededor de las tres de la tarde. Un eclipse de sol, extendido entre las dos y las cuatro de la tarde de nuestros días, oscureció la caída del hombre en la tierra que, bajaba a los infiernos y dio la bienvenida del inmolado Cordero al misterio de convertirse en Verbo. Gracia Eterna. Espíritu.
Desmemoria del viernes Santo. El olvido y el dejar de ser. El despropósito y el andar sin rumbo. Semillas de trigo perdidas en tierra árida. Así son nuestros recuerdos cuando la memoria se ha ido. Cuando has dejado de ser hombre y te has vuelto tan solo cuerpo árido.
Negación
Oscuro abismo
¡Nada!
¡Nada!
¡Nada!
Cabalgando llegara la muerte hasta los linderos de mi barrio.
¡Amante fugaz!
La muerte de la memoria ¡El olvido!
Ausencia de recuerdos.
Y perderé en ese ínter a mis hijos
Y a mis padres y a mis amigos
Mis hermanos alejados del camino ¡anónimos!
Me llorará la mujer que me ha amado.
Y quedaré sentado a la vera del sendero, la mirada perdida, la voz clamando en el desierto, inclinada la cabeza como el Cristo.
El rumor de algún río del que no recordaré su nombre seguirá llamándome a gritos. Sus aguas seguirán corriendo, hasta perderse en el mar de los tiempos eternos.    
-Ni muy alto ni muy bajo. De mediana estatura.
Delgado, y de caminar erguido…
Seguro me recordaran así y seguirán contándose las cosas que supondrán me hubiese gustado seguir viviendo.
Una copa de tinto, una cerveza fría, una jícara de mezcal. Una puesta de sol en la ciudad de México. Un paseo a las seis de la mañana en las húmedas calles de mi pueblo ¡Yajalón! y la vuelta al vientre de mi madre.
-Cara afilada y al final de la punta del mentón, una barba de candado.
Manos delgadas y dedos con una simetría indiscutible.
Ojos grandes cafés claros simulando discretos tonos de verde
¡Aceitunados! Dirán de mí, mis amigos.

-Piernas flacas y escurrido del culo
¡Desnalgado!
Apuntará mi mujer y todas aquellas amantes que me hayan conocido.  


© 2017 By Oscar Mtz. Molina -Viernes santo-

No hay comentarios: