domingo, 26 de marzo de 2017

Después de todo la memoria…

De la memoria en imágenes.


Después de todo nos queda la memoria, el problema cierto, es no saber hasta cuándo. De acuerdo con un artículo de Juan Villoro, publicado esta mañana en el periódico español El País, y en el que el autor, toma a la vez conceptos de autores e investigadores que reflexionan por ejemplo a que la evolución del hombre lo llevará a tener dedos delgados, ojos más grandes y menos memoria. Nuestra época es ya la del exocerebro según la teoría de Roger Bartra. Este exocerebro se nutre de toda la información existente en bibliotecas, archivos, universidades y otros depósitos de información, que al ser digitalizados y puestos en compactos discos duros, están totalmente a la disposición del hombre, al alcance de sus dedos y de sus ojos. Juan Villoro hace mención de lo fácil que resulta acudir a estos dispositivos para acceder a toda esta información, memoria comprimida, olvidándonos que, justo esa labor, la tendría que realizar nuestro propio cerebro. Chris Stringer, evolucionista del Museo de Historia Natural de Londres comenta: “La mayor parte del trabajo de memorización lo harán las computadoras”. Concluyo con este párrafo el análisis al artículo del País escrito por Juan Villoro.

Siempre incierta, la memoria me lleva a la búsqueda de mí mismo. El recuerdo de una canción, ni siquiera escucharla, tan sólo el recuerdo, dispara dentro de mi cerebro una revolución que me lleva a remover mis archivos localizados en algún punto concreto de la corteza cerebral, hasta dar con ella; la melodía primero, después tararearla en silencio, hasta tenerla sujeta dentro de mi cerebro, de nuevo la búsqueda en mi disco duro, cada estrofa hasta tener la letra completa. Cantarla voz en cuello, y entonces conectar de nuevo con la memoria. Por qué recordar esa canción, esa letra, esa melodía. La película y el contexto melodía, letra, imagen. Otra vez remover el polvo de esa computadora de avanzada tecnología que es mi cerebro, más concretamente, mi corteza cerebral, aún más concretamente, el hipotálamo, más aún, el hipocampo, más aún las conexiones neuronales de dendritas y axones. La sonrisa de Mary Poppins, Julie Andrews, y en su voz SupercalifragilisticoEspialidoso, sus inquietantes ojos azules, el paraguas y la maleta. Ella surcando los aires, con la maleta y el paraguas. En esa profundidad de mi cerebro no tendría por qué asomarse ni Julie Andrews, ni Mary Poppins, ni el paraguas, ni la maleta; al final de todo este embrollo se asoma la carita asombrada de Dany, mi hija. Se asoma también el batallar y la constancia por aprenderse la famosa canción, SupercalifragilisticoEspialidoso, en un trabalenguas enseñado por su mamá. Una y otra vez el intento, una y otra vez echando para atrás el video VHS, rebobinando hacía atrás, la repetición de la escena. La carita de Dany cuando lo ha logrado, cuando por fin, ligó dos o tres veces la famosa palabra SupercalifragilisticoEspialidoso ¡Es entonces que se cierra un círculo! Los dos frente al pequeño televisor con casetera incluida. Los dos repasando una y otra vez la película hasta que la canción quede grabada en un misterioso y recóndito refugio de mi cerebro, para que vuelva a revivirse todo, cuadro a cuadro, recuerdo a recuerdo, quince o veinte años después, en un futuro que es justo este día. ¡Este presente!

La memoria y el recuerdo. La memoria y la condición de seguir siendo hombre, de seguir con la condición de humano. En su contraparte, la no memoria, el olvido. La pérdida del disco duro dentro de nuestro cerebro. El desorden en las conexiones neuronales. El alzhéimer y la pérdida de la condición de hombre.

Retomo nuevamente el artículo de Juan Villoro: La abuela que en su juventud se tomó un millón de selfies dependerá de una máquina para conservarlas y clasificarlas (y acaso también para verlas) cierro el artículo. Pero tomo la idea, asistimos a una época en la que segundo a segundo nos vemos inundados de información digital, cada uno de nosotros nos hemos convertido en productores, directores y protagonistas de historias. Parimos frases y fotografías (selfies) como si fuésemos conejos cibernéticos de alta capacidad reproductiva. Compartimos series y series de fotografías sin pasar siquiera por el tamiz de nuestra memoria. No hay detrás de estas fotografías o de estas frases, historias o anécdotas que nos permitan guardarlas adecuadamente en la corteza cerebral, o en nuestro disco duro hipotalámico. Asistimos a una y otra reunión y al termino del día ignoramos a cual de todas estas pertenece tal o cual frase o fotografía. Con una maravillosa secuencia de golpes perfectamente sincronizados, digitalizamos cada mensaje desde nuestro exocerebro (celular, tableta o computadora) moviéndonos con agilidad y precisión en cada letra y en cada signo del tablero. La oposición del pulgar se ha convertido también en un estorbo del pasado. Ahora, la agilidad del dedo índice o del dedo medio los ha convertido en las actuales estrellas de nuestras manos.
Según la antropología actual, la evolución del hombre nos hará seres de dedos delgados, por aquello de escribir en estos aparatos tecnológicos. Ojos grandes, algunos los tendrán saltones, por esto de mirar permanentemente a las pantalla.

¡Y sin memoria, sin memoria, sin memoria!

¿Sin memoria? ustedes disculpen, acabo de olvidar de que estábamos hablando…


© 2017 By Oscar Mtz. Molina        

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