miércoles, 2 de noviembre de 2016

Ciudad y memoria (El pueblo)

Salto de agua, abril 2015. Fotografía Oscar Mtz. Molina

V

De ti me queda siempre la nostalgia
El sinsentido de andar sin rumbo fijo
El claro despertar de las mañanas

De ti me queda el dolor de haber partido
Cualquier día de verano
Y en el verano mismo de mi sino.

Un par de versos que se encadenaron a mi alma, y que a la vez se hicieron uno, con mi espíritu. Hay que ver la tristeza del aire frío surcando las calles de la ciudad de México.
Hay que ver también la soledad con la que camino al caer la tarde.
Esa melancolía al llegar a casa, en la colonia portales, y en la que, desde hace más de treinta años, pago renta y sobrevivo.
Decisiones que vamos tejiendo en torno nuestro.
Casarse con el diablo y alejarse del pueblo.
¡El fracaso enredado en los talones!

Salto de agua se quedó a la vera del sendero, dolía el alma al principio al saberme lejos del pueblo, del río Tulijá, de los amigos, el tiempo fue poco a poco marcando la distancia, hasta llegar al olvido.

¡Qué noches de silencio y soledad!
¡Qué tardes entre el humo de un cigarrillo!

Tiempo y lejanía dejaron al final telarañas en mi memoria.
¡Memoria y ciudad, ansia y desvelo!
La ciudad de México terminó por engullirse mis sueños, devolviéndome al paso, sombras y vagas ilusiones. Negrura y polvo en las aceras, en el quicio de puertas y portones, hilos de plata en los cabellos.
La ciudad de México terminó por pintarme ojeras en el rostro y por hacer mayor, el surco en el entrecejo. Voces enredadas en la conciencia y el sabor permanente del tabaco en los labios. El ocaso y la eterna agonía de volver y no sólo volver, sino que hacerlo vacío. Con arrugas en el rostro, y arrugas en el alma. El corazón contrito.
Salto de agua se quedó en algún resquicio de mi memoria, en el recuerdo de un tren partiendo de la estación, atravesando el pueblo, cruzando el puente sobre las aguas turbulentas del río Tulijá. Se quedó también en el recuerdo de noches acaloradas y el murmullo de la gente conversando en el quicio de las puertas, sentados en sencillas sillas o acurrucadas en las banquetas. Se quedó en el bullicio madrugador en el mercado del pueblo, en el ir y venir a las compras, al mandado, decían ellos.
Salto de agua se quedó enredado en el guiño y en el parpadeo de una joven que, por unos segundos de mi vida, caminó a mi lado.

¡Memoria y ciudad!

¡Recuerdo y olvido!


© 2016 By Oscar Mtz. Molina

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