—Antes, todo era tan sencillo —decía
angustiado, paranoico, Don Tiempo.
Recostado en el diván, desordenado su largo y
glauco pelo, ante la mirada atenta del
psiquiatra.
—Ir del día a la noche, lunes a domingo, primavera a invierno, siempre adelante. Hasta
que apareció un tal Einstein…

Alfonso:
ResponderEliminardespués de ese señor nada es igual.
Saludos.