sábado, 10 de septiembre de 2011

Del anecdotario: el maestro Tafoya



Los recuerdos llegan vivos y frescos desde los recónditos y retorcidos escondrijos de mi cerebro, llevándome de vuelta a la casa amarilla de dos plantas con un esplendido jardín repleto de campanas amarillas, y tulipanes de intenso colorido -plantas estas por demás apreciadas por mi madre. Salto de Agua es el pueblo. El patio trasero de la casa con tangerinas y caimitos. Nuestro mundo de juegos y aventuras que se extendía a través de un potrero hasta los mismísimos vertederos de cascabillo de café y arroz, maquilados en el beneficio de casa Calcáneo. En ese enorme planchón de concreto, utilizado para secar al sol los granos de café traídos del norte del estado, fue la pista por donde hacía mis pininos en bicicleta y más adelante en una destartalada motoneta.
Allí en los talleres de mantenimiento tuvo lugar esta anécdota.

El maestro Tafoya era el mecánico encargado de dar mantenimiento a los vehículos y maquinarias de la casa Calcáneo, de la que mi padre era uno de los jefes administrativos. -El maestro siempre estaba lleno de trabajos y pendientes por llevar a cabo-.
Me platica mi padre sin embargo que como suele suceder en estos casos, el día que sin previo aviso Don Juan Calcáneo, acompañado de mi padre llegaron a los talleres y encontraron al maestro plácidamente sentado en una poltrona, don Juan le preguntó: -qué esta usted haciendo maestro?-, el maestro a sabiendas de que habiendo sido hallado en aquellas circunstancias ya no tenia ningún caso mentir, respondió: -nada-, Porque efectivamente no estaba haciendo nada. Don Juan se puso ligeramente serio ante la respuesta, pero conociendo el buen desempeño del maestro a lo largo de los años de trabajo se mostró tolerante; después se dirigió al chalan que también estaba sentado y le preguntó: -y usted que esta haciendo?- a lo que el chalan respondió de inmediato. -Le estoy ayudando al maestro.-
Para esos momentos don Juan y mi padre no se aguantaron más y soltaron a reír.

Siempre me resulta grato charlar con mi padre y descubrir el amor y la lealtad conque se refiere a aquellos años de trabajo. Siempre también guarda excelentes recuerdos de don Juan. Quien por cierto tenía a su vez enorme apreció por mi padre.

Salto de agua, de los años 70s

1 comentario:

josé manuel ortiz soto dijo...

Oscar, me gustó mucho la descripción inicial que haces.
El maestro Tafoya, además de inteligente, sincero.

Un abrazo.