domingo, 15 de mayo de 2011

Del anecdotario: Don Chumingo




Chumingo era el apelativo de confianza que mi padre daba a Don Domingo. Hombre servicial y bueno que trabajaba bajo sus ordenes, en el mismo negocio. Su compadre además. Ligeramente regordete, de hablar pausado y hasta tierno, muy bajo de estatura, padre de numerosa prole. Chumingo hacia diariamente el recorrido de su casa al trabajo y viceversa en una desvencijada bicicleta, rodada 28, como muchos de ustedes habrán supuesto. Graciosa y particularmente inquietante era pues observar la figura pequeña de este hombre encaramado sobre el descomunal caballo de dos ruedas, desde donde tenía que bajarse necesariamente, arrimándose a la altura de alguna banqueta.

Me platica mi padre: “recordaras el paso por casa de Luis Gómez, un barranco que eternamente se encontraba lleno de espantosos hoyancos, y por donde corrían en paralelo las tuberías del agua potable. Camino de una sola vía en donde se hacia imposible tratar de ganar el paso a quien lo hiciera en sentido contrario o de adelantar a quien rodaba en el mismo sentido”. Único paso de quienes arribábamos desde la estación del tren al centro de Salto de agua. Quiso pues que el infortunio le jugara a Don Chumingo la pavorosa coincidencia de otro ciclista en dicho punto. Divisó a 10 o 15 metros a quien hacia su paso justo en ese momento en sentido contrario. Manoteando desde su montura, y haciendo gestos deseperados, Chumingo angustiado gritaba en la medida en que se acercaban. “Quítate, Quítate, hazte a un lado”. El individuo contrario siguió su marcha y hábilmente sorteó el paso. Chumingo desbarrancó estrepitosamente, la bicicleta quedó enganchada entre la tubería del agua, y el rodó hasta el fondo. El contrario se apeó de su bicicleta, caminó hacia donde Chumingo había caído. Lo vio ponerse en pie con tremendos raspones en los brazos, y le oyó reprocharle desde el fondo exclamando: Te lo dije. ¡Cabrón!.

1 comentario:

senddero dijo...

De la vida cotidiana... un abrazo rub