Pestañas

viernes, 18 de marzo de 2011

¡Fuera... abajo!


Esas dos palabras aunadas al ruido de una motosierra fueron lo último que percibió antes de caer y rodar por la colina del antaño nemoroso paraje.
De su muñón, anclado al suelo, brotaron de inmediato lágrimas de sabia buscando inútilmente llegar hasta sus hojas y, envuelta en un aroma arbóreo, emergió su alma.

Desde entonces lanza sus lamentos; no por el uso que de sus ramas hicieron los lugareños al curar su frío invernal, sino por el destino final de sus troncos convertidos en unos finos y lustrosos libros de ecología.

5 comentarios:

  1. Alfonso, poesía cruel, pero al fin y al cabo poesía.

    Felicitaciones.

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  2. saludos y felicidades por el micro. bien hilado.

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  3. Paaradoja. Excelente Doc... un abrazo Rub

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  4. Pati, Manolo, Óscar, Rub. Por sus comentarios y por estar siempre pendientes de mis cosas
    Abrazos

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