jueves, 10 de febrero de 2011

El cirujano

Me consta ―porque yo estaba allí― que la incisión que hizo en la piel, fue perfectamente de acuerdo a lo que los libros de anatomía y cirugía ortopédica indican; también puedo argumentar que la disección de los planos profundos, esto es: músculos, fascias y tendones los llevó a cabo con rigurosa meticulosidad, respetando en cada caso, como dije antes, lo que los libros ordenan. Así pues, expuso cuidadosamente la rodilla y trabajó con especial cuidado la lesión tumoral que tenía que extraerse, cortando cuidadosamente el hueso, tratando en todo momento de respetar los bordes sanos que los distintos estudios transoperatorios de patología se lo iban indicando. Me consta también que en todo momento hizo referencia a la cercanía de los grandes vasos poplíteos, arteria y vena en el hueco posterior de la rodilla, y del riesgo inminente de muerte si estos grandes vasos no eran cuidadosamente manipulados. De antemano sabíamos todos los presentes que su mujer había confiado en él su cirugía. Esa misma tarde, cuando me enteré del fallecimiento por sangrado de la arteria poplítea, repasaba en mi mente buscando en qué momento lo hizo, en qué preciso momento, si hasta el cierre de la herida estuvimos todos absolutamente atentos. ¡El mejor cirujano, ni duda cabía de ello!

1 comentario:

sendero dijo...

No puedo más que aplaudir del texto. Bien narrado, pero mucho mejor la ironía. Un abrazo Rub